Valle del Loira en familia

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget]

El viaje lo hicimos en furgoneta hasta Orleans, donde nos recibió una pareja de warmshowers. Fue nuestro primer contacto con este estilo de hospitalidad y la verdad es que nos pareció increíble que gente que no conoces de nada te abra las puertas de su casa y te permita compartir unas horas con ellos. Fue un buen aprendizaje el de compartir y ayudar a alguien que no conoces, aunque según dice nuestro padre, todos los cicloturistas (ahora nos incluimos aunque seamos novatos) nos conocemos un poco en la forma de entender los viajes y un poco la vida.

La casa donde vivían nuestros anfitriones estaba situada en un pequeño pueblo a escasos metros del río Loira. Era una casa de 1512 y desde su ventana se veía el castillo del pueblo. La verdad es que la primera impresión antes de comenzar el viaje me encantó, y creo que a mis hermanos también.

A la mañana siguiente nos tocaron diana bastante temprano para lo que estamos acostumbrados unos adolescentes en vacaciones. A las 8 había que desayunar para poder aprovechar las horas donde menos pega el sol, y según nuestro “mentor”, para acostumbrarnos a vivir con la luz del sol. Durante los siguientes días no volvimos a pisar una casa donde poder encender la luz, así que nuestras jornadas las marcaría por un lado la luz solar, y por otro las ganas de pedalear.

Si bien no era la primera vez que salíamos en bici, nuestros viajes anteriores no habían sido de mas de un par de días, así que estar 10 días de viaje se nos presentó como un reto, y porqué no decirlo, lo tomamos con algo de suspicacia…..eran muchos días alejados de lo que estamos acostumbrados a hacer en vacaciones.

Nuestro padre nos dijo que en las alforjas debíamos cargar todo lo necesario para subsistir en este viaje, y que lo único que compraríamos es comida cada día. Nos contó que esto es lo que se denomina “cicloturismo autosuficiente”. El nombre impone, no creeís?

Desde el primer momento la ruta discurre por carriles bici perfectamente señalizados, así que como primera experiencia, no estuvo mal. Además, al seguir el curso del ría en su dirección al atlántico, la ruta es prácticamente llana.

El primer día no pudo ser mejor, la ruta es una pasada y poder compartirla en familia es algo que nos permite conocernos mejor y convivir en situaciones diferentes a lo que es durante el año.

La primera comida la hicimos al lado de un castillo, seguro que muchos de vosotros lo conoceréis, a nosotros nos pareció increíble

El castillo de Chambord, que por lo visto es un castillo donde el re Francisco I venía a cazar……no vivía mal el rey francés, visitando el castillo nos encontramos con un sin fin de chimeneas, Desde luego, frío no debía pasar

Algo que nos gustó desde el principio es como cambia el concepto de tiempo, acostumbrados a hacer km en coche, donde no da tiempo a contemplar apenas nada dada la velocidad a la que va un automóvil, y poder vivenciar lo que es el paseo tranquilo en bicicleta, donde da tiempo a ver lo que te rodea, a disfrutar de peuqeñas cosas, o incluso, de una conversación con cualquiera de nosotros. Una sensación de poder decir, “ostras, esto me gusta”.

Realmente no está mal poder visitar un castillo de estos (además de que es gratuito si vas en bicicleta), pero la verdad, lo verdaderamente bonito de viajar en bicicleta es la carretera, y hay dos frases que siempre nos repetía nuestro padre, y que durante este viaje cobran significado. Una es la de viajar por el placer de ir, la otra, que cuando la rueda empieza a girar, es difícil hacerla parar. Esta última cobró mas significado cuando terminamos el viaje.

Después de descansar y dejar que pasarán las principales horas de sol, continuamos camino. Es increíble que una de las cosas importantes y que aprendimos a valorar desde el primer momento es el poder disponer de agua, no solo para beber, sino también para hacer la comida y para una buena ducha refrescante.

Tanto es así que cargábamos con 14 litros de agua entre los 5, y mi padre se empeñaba en tener al menos 4 litros en todo momento. Además, durante estos días hizo muchísimo calor, con temperaturas rondando los 34 grados así que teníamos que buscar sombras para cobijarnos.

Ya al atardecer buscamos algún sitio donde acampar y poder darnos un baño refrescante, el primer día tocó al lado de un campo de fútbol con un grifo de agua y el río al lado. Todo un lujo….de verdad!!!

Donde pudimos descansar y tomar una estupenda ducha de…..autosuficiencia, por supuesto.

Si nos preguntáis los mejores momentos de viajar así creo que los 4 diríamos el momento de hacer las paradas, para descansar, para comer…o simplemente porque nos apetece un baño en el río.

Es super chulo parar a cocinar y ver que todos ayudamos a hacer algo, aquí impera la ley de si no ayudas, no comes, así que todos a trabajar.

Aquí aprendimos que la comida del ciclista se resume en pasta, cuscus, arroz….aunque también probamos el queso francés, el paté y demás productos de la tierra para alegrar el camino.

Y después de comer….una buena siesta….

En la ruta se alternan campos cultivados, ya sea de girasoles, ya de cereales, con bosques, lo cual la hace especialmente bonita. Además de ello, el encanto de los diferentes pueblos por los que pasas son un valor añadido.

Sabéis lo curioso? A nivel personal nunca me han gustado especialmente ni la geografía ni la historia, pero creo que nunca he aprendido de una forma tan amena ambas cosas. Después de este viaje no olvidaré donde esta el río vienne, ni el Loira, ni Tours o Amboise. Mas que un simple viaje de turismo el cicloturismo puede ser una forma de aprender.

Igual de interesantes eran las charlas, no había un tema en cuestión, pero desde luego no faltaron cuestiones interesantes como la inteligencia emocional, el rappor, alguna clase práctica de mecánica, o lo bien que nos sentimos cuando conseguimos hacer fuego con el pedernal. Una de las cosas que personalmente me gustaron, es poder discutir con un adulto cosas que nos preocupan a los jóvenes. (los estudios, el futuro laboral…), y lo mejor, hacerlo todos juntos. Y como en el grupo había varias generaciones, era de lo mas interesante.

Nos llamó la atención (lo hablamos también) como se transforma la forma de pensar cuando viajas de esta forma. Se agudizan los sentidos para encontrar sitios donde poder dormir, y el sexto sentido te indica cuando un sitio no conviene. Fue una sensación extraña y a la vez gratificante.

Y cosas que jamás se te habrían ocurrido, llega un momento que lo ves de lo más normal, como cuando nos hicimos unos macarrones con ortigas y huevos duros. hasta ese momento veíamos las ortigas como algo dañino 

Estas experiencias ayudan a abrirte al mundo y son algo que no se nos van a olvidar.

Seguro que muchos conocéis el Loira. Hablando con una pareja que se brindó a llenarnos las botellas de agua, nos comentaban que el gobierno francés invirtió bastante en fomentar el “loira a velo” y que cada año son mas los turistas que vienen a visitar este rincón de Francia. 

La ciudad más grande de esta ruta es Tours, en ella está la catedral de tours, que por lo visto tardaron aproximadamente 400 años en terminarla. No es que nos guste mucho la arquitectura eclesiástico, pero las vidrieras de esta catedral son bastante bonitas.

Y aprovechamos la parada en una gran ciudad para reponer comida, ya que en los pueblecitos son escasos los supermercados y eso encarece bastante los precios. Además en Tours hicimos una parada para comer en le “ille simon” una pequeña isla en medio del Loira y que cuenta con un parque inmenso donde poder descansar.

Y seguir con nuestro deporte nacional en este viaje…..las partidas de chinchón y de mentiroso. Y aunque os parezca mentira, aquellos que venimos de los ordenadores y las consolas no somos muy dados a los juegos de cartas. Eso si, en este viaje se entablaban verdaderas “olimpiadas” por el título mundial.

Si los primeros días el cuerpo notaba el esfuerzo del pedaleo, con el paso de los km comprobamos que cada vez nos sentíamos mejor, a eso ayudó que aprendimos a organizar mejor nuestras alforjas y no cargar más de lo necesario para poder comer ese día, y desayunar al siguiente. Una de las máximas para viajar así es que cada cosa tiene su lugar, y un lugar para cada cosa. De esta forma siempre sabremos donde buscar aquello que necesitemos. Lo mas curioso de esto es que es una enseñanza de mi padre, que es un total desordenado en su vida corriente. Nos reíamos preguntándole el porqué de ese desorden en su casa y ese orden sobre la bicicleta. Podéis explicarlo? 

Lo mejor de todo es cuando sabes que no tienes una hora fija para llegar, es ahí cuando el tiempo se dilata y puedes disfrutar el momento. Nos daba igual si parábamos unas  horas a bañarnos en el río. Eso denominábamos el momento “Carpe Diem”

Así que cuando nos apetecía parar, uno de nosotros gritaba, un Carpe Diem? como si de un café se tratara.

Y así transcurrían los km entre baños en el río, acampadas en lugares preciosos y visitas de castillos. Lo de los castillos nos tenía intrigados hasta que nos contaron que todo surgió cuando el rey Francisco I decidió trasladar aquí su corte, y los nobles siguiendo a su rey, decidieron construirse aquí sus “pequeñas viviendas”. Es por eso que hay tal cantidad de castillos en tan pocos km.

A medida que avanzábamos en los km, también lo hacíamos en experiencia, ahora ya cada uno teníamos funciones concretas cuando parábamos después de un día de pedaleo. Unos se encargaban de recolectar fruta…

 

Otros de montar campamento…

 

 

Y el resto de otras tareas igual de importantes como hacer la colada…

Alguna vez paramos en un camping, como cuando coincidió con la fiesta nacional francesa, y así pudimos irnos de fiesta y disfrutar de las celebraciones que hacen los franceses por su día nacional

Con el fin de que nos diera tiempo a completar un recorrido circular, decidimos en Saumur dar la vuelta y dirigirnos hacia Chinón, donde hay un impresionante castillo en la cima de una colina, cerca del río. El pueblo también es muy bonito, por lo que ese día decidimos dar un paseo por sus calles.

Para llegar a Chinón seguimos el río Vienne, perfectamente señalizado para ir en bicicleta. Da cierta envidia ver como tienen organizado todo esto para rutas en bicicleta y nos preguntamos si no sería posible hacer lo mismo en España.

Y así transcurrían los días, en la mas completa tranquilidad y sin ninguna preocupación. Aprendes que lo simple es lo que mas te hace disfrutar.

Finalmente llegamos al castillo de Chenonceau, el castillo, junto con Versalles, mas visitado de Francia. Nosotros nos metimos por un camino y nos permitió, mientras comíamos, disfrutar de las estupendas vistas del castillo.

 Finalmente el viaje se acaba, volvimos al punto de origen, donde habíamos dejado la furgoneta, no sin antes pararnos para hacer una fotografía en el cartel donde indica la ruta, ya completada, y con una sensación de poderío y de haber logrado superar este reto.

Y ahora solo nos queda esperar al siguiente viaje…pero eso ya será otra historia.


Ver mas fotos de este viaje

 

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_PostCarousel_Widget”][/siteorigin_widget]