Buscando el Rodano

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Coincidiendo que teníamos días libres por las vacaciones de semana santa, decidimos hacer una escapada a Francia, en esta ocasión a disfrutar de la via Rhona, una ruta cicloturista que coincide con la eurovelo 17 y que une el mediterraneo con Ginebra, en suiza, y de ahí al Rhin, en una de las grandes ciclorutas europeas.

Comenzamos nuestro viaje, como es costumbre últimamente, en Barcelona, después de un trayecto en barco desde Palma de Mallorca. El porque de ello es que nos vamos con nuestra viaja furgoneta hasta el punto de partida de nuestra ruta, en la ciudad de Coms, a escasos 20 km de Avignon y la furgoneta, aunque con 27 años, está perfectamente adaptada para desplazarnos nosotros, nuestros perros y las bicicletas con todos los bártulos necesarios.

Drako y Odín, ya acostumbrados a este tipo de viajes, van perfectamente acomodados en la furgoneta, si bien hay que hacer paradas cada cierto tiempo para bajarlos y que se muevan un poco.

La primera noche, la hicimos en la Junquera, a escasos km de la frontera con Francia, para continuar al día siguiente hacía Coms, donde habíamos quedado con Annete, que nos guardaría la furgoneta los días que estuviéramos de ruta.

Annette es la presidenta de una sociedad cicloturista que promueve la creación de redes de vías verde por las proximidades del río rodano. Además de ello, es un ejemplo de jovialidad y sobre todo de hospitalidad y simpatía.

Tras madrugar para preparar las bicicletas, y dar cuenta de un desayuno con nuestros anfitriones, comenzamos la ruta que nos llevo, a traves de carreteras secundarias y con poco tráfico a la ciudad de Aviñon.

Quien no conozca Aviñon, deciros que fue residencia de los papas en 1309 y hasta mediados del siglo XVIII fue propiedad papal, y como muestra de ello, la ciudad cuenta con un importante patrimonio cultural, como la residencia papal, un majestuoso edificio que impresiona solo con verlo.

Salir de Aviñon es fácil, solo has de buscar el río ródano y cruzar a su margen izquierda, de ahí tomamos rumbo al norte, en dirección a Pont St Esprit, de donde sale un carril bici que enlaza con la vía Rhona propiamente dicha, y que prácticamente lleva a Ginebra a través de vías verdes señalizadas. Realmente habría sido sencillo llegar a nuestro destino, si no fuera porque comenzó a soplar el mistral, viento del norte que nos  ralentizó la marcha, llegando en ocasiones a suponer un serio peligro (os invito a que leáis la entrada relativa a como pedalear con viento). El viento no solo supone un incordio a la hora de pedalear, también nos obliga a buscar una zona de acampada resguardada para que no se pueda ver afectada la tienda de campaña. Para ello buscamos un bosque donde los árboles servirían  de escudo al viento, lo que nos permitió descansar plácidamente esperando que el día siguiente fuera mas llevadero para pedalear.

Pero no, el viento vino para quedarse y durante 3 días luchamos contra él. Sin darnos tregua fuimos avanzando lentamente, si bien la ruta discurre a la orilla del río, hay momentos donde, gracias a los árboles, el viento nos daba un respiro y podíamos pedalear con normalidad. Estos momentos eran escasos y a nosotros nos alegraban momentáneamente, para luego volver a enfrentarnos al mistral.

Por suerte, el tiempo acompañaba y la temperatura era muy agradable, lo que nos permitía dar pequeños paseos una vez acampábamos. Ello servía tanto para estirar nuestros músculos castigados por el esfuerzo como para que los perros pudieran jugar y estirar las patas.

Al tercer día, y tras cruzar el puente colgante de Rochemaure con un viento totalmente incontrolable, decidimos ir a Montelimar y tomar el tren hacía Lyon y hacer el camino inverso, dado que a la velocidad que podíamos pedalear nos sería imposible hacer todo el camino con los días de vacaciones de los que disponíamos. 

Para los que no conozcais el río Rónado, deciros que es uno de los grandes río europeos, que discurre por Suiza y Francia y que es el único río que comunica el norte de Europa con el mediterráneo, de ahí que desde tiempos inmemoriales sea una zona con abundante presencia humana, lo que ha dado lugar a importantes asentamientos, que en su parte francesa están perfectamente cuidados y donde se puede disfrutar de un sinfín de pequeños pueblos medievales y con construcciones tradicionales.(En la sección portafolio podréis ver mas fotografías).

Gracias a que en Francia está permitido llevar bicicletas y perros en los trenes, no fue muy complicado llegar a Lyon, lo que si fue complicado es encontrar alojamiento en una gran ciudad, entendiendo por alojamiento un lugar donde plantar la tienda y alejado del transito de vehículos. Finalmente encontramos un parque donde los guardias nos permitieron poner la tienda a condición de que a las 8 de la mañana levantáramos el campamento. Por supuesto, el parque seguía estando al lado del río. 

Ya con viento a favor el pedaleo se hizo muchísimo más sencillo y los kilómetros que antes costaba tanto realizar, ahora se hacían rápidamente, de esta forma podíamos hacer tiradas de 90-100 km diarios. A ello ayudaba también un tiempo soleado que invitaba a pedalear.

Como os decía anteriormente, la ruta está perfectamente señalizada y como hay muchos pueblos, no es difícil encontrar supermercados y tiendas de alimentación, además de ello, cada ciertos kilómetros hay áreas recreativas con mesas donde poder descansar y comer.

Para que los perros también hagan ejercicio, cada cierto tiempo salen del carro y corren al lado de las bicicletas, al cabo de unos kilómetros quieren volver a subirse en el carro y seguir el viaje cómodamente recostados.

La proximidad del río al carril bici hace que se puedan encontrar pequeños paraísos donde plantar la tienda y descansar, dar paseos a lo largo de la orilla, hacer un pequeño fuego y disfrutar de noches estrelladas.

Al igual que nosotros, los perros también pueden disfrutar de un entorno privilegiado donde poder asalvajarse y volver a integrarse con la naturaleza, aunque a la hora de dormir, prefieran la seguridad de la tienda de campaña.

Son días de bonitas estampas que plasmar con nuestra cámara o simplemente en la retina, pero os aseguro que cada rincón es un regalo para fotografiar.

Los perros están tan acostumbrados a ir en el carro que suben a él sin problemas y parece que saben que en la siguiente parada podrán volver a jugar y disfrutar. Incluso se permiten tomar la siesta.De todas formas hay que estar muy atento a hidratarlos asiduamente, sobre todo después de las carreras que se pegan.

Así, poco a poco, vamos terminando nuestro viaje, volviendo de nuevo a Coms, a casa de nuestros anfitriones donde tenemos una entrañable cena de despedida. Nos vamos con la certeza que volveremos de nuevo, esta vez con los «louris on the road» el próximo verano.


                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                            Ver mas fotos de este viaje

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Siguiendo el río Lot

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Como ya os habíamos dicho en la presentación de esta sección, dado que nos fue imposible dejar a nuestros compañeros peludos en casa, y ante la necesidad de unas bien merecidas vacaciones, decidimos que nos iríamos los 4.

Lo primero de todo fue comprar un carro para mascotas, que tendríamos que arrastras detrás de una de las bicicletas. No sin cierto temor, dado que el peso de trailer y peludos era de 42 kg, a los que tendríamos que sumar el resto de equipaje. Y así se presentaba el panorama.

Con cierto temor ante lo desconocido de mi capacidad para arrastrar semejante peso, decido cambiar el plato de mi bicicleta (solo llevo uno) de uno de 44 dientes a uno de 40, que me permitiría afrontar mejor las subidas.

Puente histórico de Cahors

Para este primer viaje buscamos una ruta no muy montañosa y que siguiera el cauce de algún río, además, y dado que saldríamos de Barcelona en furgoneta, el destino no debería estar muy lejos, ya que preferíamos invertir los días en pedalear y no en conducir. De esta forma nos decantamos por comenzar nuestro viaje siguiendo el río Lot, para luego enlazar con el canal del Garona y posteriormente seguir el curso del río Tarn.

De esta forma, nuestro viaje comienza en Cahors, una bonita ciudad a orillas del río Lot y que cuenta con un estupendo casco histórico. 

Desde Cahors tomamos dirección hacía Aiguillon, donde se une el río Lot con el canal del Garona. La senda era muy sencilla, y si bien hay tramos donde se junta con la carretera, la mayoría del recorrido discurre por carriles bici o pequeños caminos rurales asfaltados sin apenas tráfico, lo cual nos permitía que los peludos hicieran tramos corriendo cada cierto tiempo, para evitar así que se pasasen mucho tiempo en el carro.

Así transcurrían los kilómetros, entre viñedos, bosques y pueblos medievales con mucho encanto y que nos iban regalando bonitas postales, lo cual hacía disfrutar del pedaleo.

Una de las principales cuestiones a tener en cuenta a la hora de viajar con peludos es el tema del agua, ya que si bien pedaleamos cerca de un río, este no siempre está accesible, así que cada cierto tiempo hay que hacer paradas para beber y que los peludos estiren las patas. De esta forma, y con un poco de juego, son ellos los que piden volver a subirse al carro para continuar camino. 

Como ya os habíamos comentado, la ruta esta rodeada de zonas de frutales, entre viñedos y manzanos, lo que nos permitía de tanto en tanto saciar el hambre con fruta recién recogida e incluso guardar una poca para el desayuno, así que para alguien a quien le guste tanto la fruta como a nosotros, esto es un pequeño paraíso.

 

 

Además de todo ello, los numerosos pueblecitos y los bonitos rincones a lo largo de nuestra ruta hace que el pedaleo sea mas ameno, y  a ello añadimos que no hay muchas cuestas, de tal forma que el recorrido no es muy exigente físicamente.

 Así, kilómetro tras kilómetro, nos plantamos en Aiguillon, donde el río Lot se une con el canal del Garona.
El canal del Garona, es una obra impresionante que unía el atlántico con el mediterraneo (junto con el canal del midi) y por donde estaban los caminos laterales del canal que servían para que caballos arrastrasen las barcazas de carga, ahora están habilitados con carriles para bicicletas.

El recorrido por el canal es sencillamente llano, fácil y muy aburrido. El paisaje está plagado de plataneros a ambos lados del camino y tras ellos hay zonas de cultivos. Eso hace que sean jornadas de pedaleo muy monótonas.

La facilidad del pedaleo en esta zona hacen que sea una ruta cicloturista de mucho transito, convirtiéndose, junto con el canal du midi en una de las rutas mas transitadas en bicicleta de Europa.


.Uno de los problemas de la ruta por el Garona llega a la hora de encontrar un sitio para acampar (para los que hacemos cicloturismo autosuficiente), El canal discurre en muchos tramos al lado de carreteras y está franqueado en otras zonas con matorrales que dificultan el poder plantar la tienda de campaña, lo que obliga a que aprovechemos cualquier pequeño trozo de terreno despejado.

Así, poco a poco vamos llegando al último tramo del viaje, el río Tarn, atrás dejamos bonitas imágenes en la retina y algunas de ellas logramos plasmarlas en fotografías.

A veces son solo reflejos sobre el río, momento que aprovechamos para simplemente no hacer nada y relajarnos disfrutando del paso del tiempo.


Otras te permite contemplar una puesta de sol, y es ahí, cuando comienzas a coleccionar atardeceres, donde comienzas a sentir que estás en el lugar apropiado y en el momento preciso.

Se puede decir que entramos en el río Tarn a través de Albi, una ciudad que me trae recuerdos de algún libro leído sobre la cruzada cátara, o también denominada Albigense y de la que hay mucha información por internet. Para uno que es amante de la historia, el relacionar sitios por donde pasas con hechos históricos estudiados representa buen momento para dar un repaso a lo aprendido.

Y a todo esto, días antes del viaje había estado leyendo el libro «la llamada de lo salvaje» de Jack London, que narra la historia de un perro que vive plácidamente en una casa de lujo en compañía de sus amos y tras ser robado y llevado a Alaska en los tiempos de la fiebre del oro, termina viviendo en plena naturaleza.

Esto mismo es lo que yo voy notando en Drako y Odin, a medida que van transcurriendo los días, se van asalvajando y cada vez disfrutan más de su condición de nómadas, viven con la luz del día, juegan, se pelean entre ellos, corren…y también descubren otros placeres que les proporciona la naturaleza, como son las moras, de las que han aprendido a cogerlas, ya sin pincharse y donde hay momentos en los que parece que nos peleamos para ver quien es capaz de comer más.

Así van transcurriendo los días, siempre con un río al lado que nos permite no solo asearnos cada día, sino también disfrutar de bonitos momentos de relax 

La ruta a lo largo del río Tarn es preciosa, casi siempre paralela al cauce del río, sin mucho desnivel, hasta que nos damos cuenta de que apenas nos queda comida y a lo largo de la ruta no encontramos ninguna tienda donde hacer avituallamiento, de tal forma que cuando encontramos un desvío que indica un supermercado a escasos 5 km, decidimos desviarnos. Craso error, las cuestas son brutales y parecen interminables. Estábamos mentalizados de que salir del valle sería duro, pero esto supera nuestras espectativas y en mas de una ocasión nos vemos obligados a echar pie a tierra. Por si fuera poco, es una carretera bastante transitada y no me atrevo a llevar a los perros sueltos, con lo cual el esfuerzo se multiplica y a eso se une que hace bastante calor y las existencias de agua van mermando a medida que pasan los kilómetros.

Una vez arriba, agotados y destrozados físicamente, entramos en el supermercado y arrasamos entre zumos, agua y comida. tenemos que ir dos veces a comprar para reponer los alimentos.

Ya tomando el camino de vuelta haca Cahors decidimos desviarnos hacia un pueblo catalogado como el mas bello de Francia. Bellcastel es una villa donde parece que no ha pasado el tiempo. Tiene un  castillo medieval y todo su entramado está construido en piedra y tiene un camping municipal abierto donde decidimos quedarnos para poder tomar la primera ducha caliente después de 10 días.

Llegar a Belcastel no es difícil, aunque realmente hay unas buenas cuestas, pero en su mayoría de bajada. Lo realmente difícil es salir de aquí, de Hecho me hacía gracia cuando los turistas que habían por allí nos preguntaban si nuestras bicicletas eran eléctricas. 

El resto del camino hasta Cahors lo realizamos casi todo por carretera hasta completar el círculo, además de que los días fueron muy calurosos y debíamos hacer paradas constantes para hidratarnos todos.

Y muchas veces hacíamos paradas simplemente buscando una sombra donde cobijarnos y esperando que alguna nube tapase el sol para poder continuar.

Y finalmente de nuevo en Cahors, donde recogemos la furgoneta y damos por terminado nuestro viaje.

Finalmente, de esta experiencia nos quedamos con la sensación de que no hay nada que nos detenga si ponemos pasión y ganas y en futuras ocasiones ya no nos plantearemos si es o no posible viajar con nuestros amigos peludos.

Buenpedal, septiembre 2016.


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