El valle del Draa en bikepacking

El valle del Draa en bikepacking

Llego a Ouarzazate procedente de Madrid y lo primero que me llama la atención son las dimensiones del aeropuerto, mas propias de un aeródromo deportivo que de uno donde llegan vuelos internacionales . Ello me presenta mi primera grata sorpresa, ya que, acostumbrado a las largas colas para pasar el control de pasaportes en el aeropuerto de Marrakech, en Ouarzazate bastan 30 minutos para que estampen el sello en el pasaporte. Ahora a por mi siguiente gran duda, como habrá llegado mi bicicleta? Para mi asombro, y dadas las reducidas dimensiones del aeropuerto, solo hay una cinta de equipajes, y la caja con mi bici perfectamente apoyada en la pared. “Esto empieza bien” me digo a mi mismo. Lo siguiente, buscar un taxi que me lleve al hotel con quienes trabajo habitualmente, y que me guardarán la caja durante una semana. Por unos 30dh, unos 3€ al cambio, nos llevan a mi bici y a mi a las puertas del hotel. Ahora toca desenvalar la bici, que, dado que el viaje está pensado para bikepacking, en apenas 15 min tengo preparado todo el equipo. La temperatura es ideal, 17 grados y un sol que invita a pedalear por la ciudad. Ouarzazate, o su traducción, ciudad tranquila, hace honor a su nombre. Al contrario que en otras ciudades marroquíes, aquí no se respira un caos y un bullicio excesivo, lo que es de agradecer. A tiro de piedra está la kasba de taourik, patrimonio de la humanidad y que como dato curioso, posee en sus relieves iconografía árabe y judía, indudablemente de épocas donde ambas religiones convivían. Y para finalizar el día, comparto la cena con mi buen amigo Omar y su familia. Por si fuera poco, el año nuevo bereber está próximo y la fiesta se prolonga hasta altas horas de la noche. Entre te y te voy escuchando relatos de su padre, un anciano afable que me trata como uno más de la familia. Llegar a Agdz desde Ouarzazate obliga a cruzar el antiatlas, una cordillera que, si bien no tiene las mismas pendientes que el Atlas, si hace que los primeros km sean un sube y baja constante hasta plantarte en la base de la montaña con una pendiente considerable. La dificultad de pedalear en estas fechas radica en los bruscos cambios de temperatura. Salgo de Ouarzazate con 1 grado y a media mañana, justo cuando toca subir, me encuentro con 17 grados. La cima da paso a una pendiente vertiginosa de casi 18 km, pero antes aprovecho para hacer una foto en lo alto. La bajada deja imágenes espectaculares, como esta montaña con formas de ojo humano y que me obliga a detener mi descenso. Y al poco tiempo aparece ante mi el valle del Draa, objetivo de este viaje. El rio Draa nace en el alto atlas y discurre a lo largo de 1100km, hasta desembocar en el océano atlántico, convirtiéndolo en el más largo de Marruecos. Es en la ciudad de Agdz donde comienza el denominado valle del Draa, un enorme palmeral de 200 km que ofrece una imagen de contraste entre el verdor del palmeral y los terrenos desérticos de color ocre de los alrededores. Desde Agdz hay dos vías para llegar a Zagora, ciudad importante en el transcurso del valle del Draa, y puerta para alcanzar las pistas que llevan al desierto de Erg Chebbi, en Merzouga. La vía principal, con buen firme y carril bici a ambos lados de la carretera es la ruta habitual que utilizan los transportes, tanto de mercancías como turísticos. Se situa en el margen derecho del río, dirección sur. Y la opción que yo escojo, la antigua ruta caravanera, que era utilizada para el transporte desde tiempos inmemorables de productos traídos del Africa subsahariana y cuyo firme alterna pistas duras de tierra y asfalto. La ventaja es que el tráfico es apenas inexistente. El margen izquierdo del valle del Draa obliga a hacer un reset mental y me da la sensación de haber entrado en una máquina del tiempo. El asfalto es sustituido por caminos polvorientos de tierra pisada, cuando no de guijarros. Los pueblos son en su totalidad de adobe y el coche prácticamente ha desaparecido, y en su lugar el burro y los carros de caballos dominan el transporte en este apartado lugar. Ya no estoy en el siglo xxi, me da la impresión de haber retrocedido 300 años, cuando los viajes se hacían de forma pausada y el visitante se convertía en una fuente de información de lugares lejanos.
Los habitantes originales de esta tierra es el pueblo amazigh, que en la actualidad se conocen como bereberes. Este pueblo, originario del norte de África se diferencia culturalmente del pueblo árabe, y la principal diferencia radica en la practicidad se sus construcciones. Los pueblos bereberes de denominan ksar, poblados fortificados que se colocaban a lo largo de las rutas caravaneras y que vivían principalmente de proteger a las caravanas, cuando estas pagaban los impuestos solicitados, o de asaltar las caravanas, cuando estas se negaban a pagar los tributos exigidos.
Dentro de los Ksares se podían encontrar las Kasbash, viviendas fortificadas con 4 torres. En cada una de las torres vivía una familia y compartían la cocina y demás estancias comunes.
En esta orilla del valle del Draa se encuentran un número considerable de estas Kasbash, lo cual la convierte en especialmente atractiva  para los amantes de la construcción antigua.
El símbolo del pueblo bereber, está representado por la letra z de su abecedario y representa al hombre libre y es a su vez el que, tiempo atrás, adopte para uno de mis logotipos. En este enlace podéis leer mas sobre ello
 
Me hospedo, ese primer día en el valle del Draa, en un pueblo en ruinas de nombre impronunciable pero muy próximo al río, o al menos lo que en estos momentos hay de él, ya que el deshielo aún no se ha producido en el Atlas y la cantidad de agua que lleva es excasa.
Montar la tienda de campaña es una odisea, el lado más próximo al río está ocupado por parcelas plantadas con palmeras y cereales, en el antiguo cauce del río esta lleno de grandes guijarros y si me alejo del valle, el desierto pedregoso hace imposible clavar una piqueta, así que he de ir muy atento para encontrar un sitio apropiado.
Lo que no escasea es el polvo, procedente del desierto, de una finura extrema, que se te mete por cada poro del cuerpo y que en ocasiones me hace parecer mas un aborigen de estos lugares que un europeo de piel blancuzca, y, al mismo tiempo, mi compañera metálica va cambiando de color a medida que pasan los días.
Viajar en bikepacking se me antoja lo mas parecido a replantearte todas las ideas preconcebidas en referencia a tus necesidades básicas y hacer un trabajo mental para ser capaz de llevar únicamente aquello estrictamente necesario . Si el paso de viajar en vehículo a motor a hacerlo en bicicleta con alforjas supone un trabajo mental para evitar llevar mas cosas de las necesarias, en la modalidad mas minimals, esa evolución supone prescindir de todos los «esto por si…». Ello se vuelve especialmente difícil a la hora de afrontar un viaje como el que os estoy contando, con unas diferencias térmicas que en muchos casos alcanzan los 18 grados.
Lo pude comprobar durmiendo en mi trailstar, y justo cuando se pone el sol (18:30 horas) las temperaturas caen en picado, y llega una hora de la noche, sobre las 2 de la mañana en donde se empieza a notar un frío extremo. A decir verdad, me traigo un saco de plumas para soportar, en teoría, los 5 grados, pero cuando empiezo a notar como mis pies van perdiendo sensibilidad y en mis manos empiezo a notar falta de coordinación, es momento en el que recurro a toda la «artillería» térmica. Me pongo la camiseta, una térmica, un plumas y el chaleco windstopper, más los guantes, las mallas, 3 pares de calcetines y un pantalón térmico. Afortunadamente esto funcionó, ya que mi siguiente opción sería encender un fuego, cosa que delataría mi posición, eso si llego a encontrar material suficiente con el que encenderlo, y por otro lado, al no llevar mechero ni cerillas y tener que hacerlo con el pedernal, la situación sería, cuando menos, divertida.
Y como no podía ser de otra forma en este viaje de contrastes, y como no podía ser que las noches supusiesen simplemente un guarecerse y esperar al día siguiente, ante mis ojos van apareciendo pequeños puntos luminosos en el firmamento. Es en ese momento que decido abandonar mi refugio y me deleito buscando constelaciones con la aplicación de mi móvil y en un momento de éxtasis emocional decido probar con la fotografía nocturna. Se me olvida el frío, se me olvida la inseguridad de un lugar extraño, a cientos de km de una casa amiga, de mi gente y disfruto como un niño del momento presente.
Como había colocado el trailstar con la entrada mirando hacía el lugar por donde sale el sol, son los rayos de este último los que me despiertan con su, inicialmente, leve calor, como si de una caricia se tratara. Un nuevo día comienza, y con un destino conocido, llegar al desierto de Zagora donde me espera mi amigo Youssep y su campamento en el desierto. Pero no os voy a adelantar acontecimientos. Para plantarme en el campamento aún me quedan 90 km por delante.
Y los 90 km se presentan, principalmente, en forma de pista de tierra que me hacen pensar que mi surly troll está disfrutando de lo lindo, y por un momento pienso «mi surly está en su salsa» (en referencia a las dos marcas de bicicletas mas renombradas para viajes off road).
Ante mi vuelven a aparecer pueblos de adobe,  niños corriendo detrás de mi y pidiendome un bolígrafo, un dirhan o un bombón. Pienso que para poder regalar un bolígrafo a cada niño que me cruzo debería ser accionista de la marca Bic. Nunca había visto tanto infante por las calles, jugando a juegos casi olvidados en nuestro país y que por un momento me hace ser consciente de mi proximidad al medio siglo.
Y si ver a tanto niño por la calle me asombra, también lo hacer ver, en cada pequeño pueblo, una escuela.
Una de las principales cosas a tener en cuenta cuando te sales de los circuitos convencionales es que por allí donde tienes pensado pasar, no siempre vas a disponer de todo lo necesario para continuar. Me ocurrió que mis reservas de agua se agotaban y no encontraba ningún sitio donde comprar agua. Es en ese momento que la señal de alarma comienza a sonar y me centro en la búsqueda de una fuente de agua, que finalmente encuentro en una mezquita, donde puedo llenar mis depósitos de agua después de pasar la misma por el depurador.
Otra de las cosas a tener en cuenta si decides hacer esta ruta, es que los horarios de las pequeñas «tiendas» de ultramarinos no son iguales a los que estamos acostumbrados en España, a las 9 aún no han abierto, y es sobre las 10:30 o las 11 cuando comienzan a abrir sus puertas. Este dato es especialmente útil para los que, como yo, vamos comprando la comida por el camino, y sobre todo para que, si quieres desayunar a una hora medianamente temprana, compres lo que necesites el día anterior.
A propósito de la comida, me pasó en un pueblo, que me encontré a un hombre vendiendo nueces, así que decidí comprar 250 gramos y para mi sorpresa, el hombre me regaló una bolsa que bien podía pesar el kg. Imaginad la dificultad para hacerle sitio a tan grato tesoro. Os puedo decir que a partir de ese día, comí nueces en cada jornada, pude invitar a gente que me encontraba por el camino que me agasajaba con una comida y aún me llegaron los apreciados frutos secos hasta los minutos previos a tomar el avión de regreso.
Llevar una surly troll tiene un pequeño problema, allí donde encuentra una pista, por muy difícil que sea, allí que se mete. Esto en ocasiones solo supone dar pequeños rodeos, llegar a sitios donde no tenias pensado llegar o tener que volver sobre tus pasos, pero en otras ocasiones son tantos los cruces de caminos, que me veo obligado a usar el gps para encontrar la ruta correcta, lo que puede suponer tener que bajar de la bici y cruzar un enorme patatal de piedras, así que cuando consigo encontrar una carretera que me lleva a mi destino es todo un acontecimiento
Y lo que parecía que iba a ser el tramo más fácil, alcanzar el campamento de haimas (zagora desert camp.), se convierte en un final poco épico ya que equivoco los cálculos y me meto por una pista que me lleva directo a un río de arena donde no puedo pedalear con mi bici y me veo obligado a andar empujando de la misma. Ello se vuelve una marcha penosa cuando las ruedas se clavan en la arena y me obliga a levantar casi mi montura en volandas para desatascarla.
Por si fuera poco, me pilla la noche y en esas condiciones es difícil seguir, no ya el camino, que ha desaparecido, si no poder apreciar algún punto en el horizonte que me indique cual es mi destino correcto.
Y todo este error viene del gps de mi móvil, que me sitúa el campamento en un lugar que no hay más que montañas.
Finalmente logro distinguir una pequeña luz a lo lejos y allá que me dirijo, y con un par de horas de retraso logro entrar en el campamento donde me espera mi amigo Yousep.
Una buena ducha acompañada de una buena cena, hacen que se me olvide el penoso recorrido por la arena y me entretenga en fotografiar una pequeña parte de la vía lactea, o eso creo.
Hoy toca descansar en cama y mañana, bueno, es otro día y ya veremos como continúa la aventura.
  1. Amanece en el campamento de haimas y me asalta la duda, me meto por las pistas del antiguo Paris Dakar que van desde Zagora a Merzouga o doy la vuelta por donde he venido? Pregunto a mi amigo si conoce el estado del paso de Ramlia, el gran obstáculo de esta ruta y me dice que no está muy transitable. Este es un año que ha llovido mucho en el desierto y el paso junta la arena con el barro. Lo peor es que tengo 4 días para cruzar la ruta de 360 km. Al sexto día me viene una excursión desde España y he de estar en Ouarzazate.
    Así que la decisión está tomada, vuelvo a Ouarzazate, la ruta del Dakar la dejo para Marzo.
    El día es esplendido e invita a pedalear. Lo puedo hacer por la carretera, por la orilla derecha o bien por donde vine, por pistas. La surly no me deja opción, volvemos por pistas.
    El camino de vuelta me asombra, yo que creía que se iba a convertir en algo monótono ya que repetiría itinerario se convierte en todo lo contrario. Decido salir del camino inicial y meterme de lleno por el palmeral. Linea recta entre punto a y punto b.
    No se si ha sido la mejor decisión, pero si que el paisaje no deja de sorprenderme. Ante mi aparecen kasbas abandonadas y paisajes de ensueño.
    No dejo de preguntarme la cantidad de historias que atesoran estos montones de tierra y paja mezclados y que hoy solo son vestigios de un pasado a todas luces mas rico y esplendoroso. ¿Qué es lo que ha hecho que estos lugares hayan dejado de tener la importancia de antaño? Con el reparto de áfrica entre las potencias europeas llegó el declive de las rutas caravaneras. Donde antes no existían fronteras ahora se trazan lineas rectas en el mapa. Y es la falta de estas rutas comerciales las que condenan al olvido a estos pueblos fortificados. El primer mundo, siempre el primer mundo…
    Los km me pasan volando y en dos jornadas me planto en Agdz. Llevo notando, desde el día anterior, que mi rueda trasera necesita un ajuste de radios. Los terrenos pedregosos han hecho de las suyas, y aunque la rueda esta hecha a conciencia, a 4 cruces, necesita un mantenimiento.
    Después de mucho preguntar, encuentro un «taller de bicicletas», y tras acordar el precio de la reparación, el mecánico se pone manos a la obra. Ante mis ojos se pone a calibrar la rueda no con un nivel de ajuste de radios, lo va haciendo a ojo con los dedos. Pienso «madre mía, la rueda me va a quedar hecha una mierda». Después de 10 minutos, termina el arreglo, y para mi asombro, la rueda está perfecta. El precio, 10 dirhan, 1€ al cambio.
    Salgo de agdz, no sin antes haber comprado un kilo de mandarinas, que junto con las nueces, y un pan que compro por 1 dirhan (10 centimos) me tienen que llegar para la comida de hoy. Y tras unos cuantos km, me cruzo con un chico marroquí que va andando con una vieja bicicleta y con unas alforjas similares a las que usé en el año 92, para ir a la expo de Sevilla desde mi tierra natal, Galicia.
    Le pregunto a Driss (así se llama el chico) que si necesita ayuda, a lo que me responde afirmativamente, había pinchado y no sabía cambiar la cámara, así que me pongo a ayudarle y al mismo tiempo a enseñarle para futuras ocasiones, que no dudo que tendrá mas pinchazos al ver el tipo de cubierta que lleva.
    Después de los pertinentes agradecimientos y una amena charla, veo que se dirige a su bicicleta y saca una bolsa de dátiles, y me los regala.
    Para quienes no estáis puestos en esto de los dátiles, deciros que hay un sinfin de variedades, y que unos de los más cotizados son los dátiles reales, grandes y dulces como ningun otro. Y esta es la variedad que Driss me regala.
    Continuo el viaje subiendo de nuevo el antiatlas. Me sonrío pensando en que llevo el kg de nueces, un kg de mandarinas, otro de dátiles y dos panes, así que cuando me cruzo con un pastor que me hace señas para parar, decido continuar camino, no vaya a ser que se le ocurra regalarme una cabra.
    Y como me queda tiempo de sobra, decido llegar a Ouarzazate por un camino diferente al inicial, así que me pongo a buscar la ruta al oasis de fint, a 12 km de la ciudad tranquila. y que encuentro tras una investigación empírica de la ruta, esto es, por ensayo y error.
    En Fint me topo con un artesano del barro que hace hornos para hacer el pan. Siempre me ha gustado ver como trabajan en los diferentes sitios, y me quedo un buen rato embelesado contemplando como, con medios tan rudimentarios, hace unos recipientes tan perfectos.
    Y como quiero acampar antes de que se ponga el sol, decido buscar un sitio donde poner la tienda, y, afortunadamente, Fint dispone de mucho sitio
    Desde el oasis de Fint hasta Ouarzazate hay unos escasos 12 km de fácil pedaleo, salvo al principio, que hay que salvar una buena cuesta.
    Mi surly sigue haciendo de las suyas y me va metiendo por cuanto camino encuentra, afortunadamente las schwalbe marathon plus mtb dan un resultado magnífico y no pincho aún metiendo la bici por verdaderos caminos de cabras.
    Mi viaje podría haber terminado con la llegada a Ouarzazate, pero como aún me queda tiempo, decido ir a hacerle una visita a mi amigo Omar, que tiene una tienda en Ait BenHadoo.
    Para llegar desde Ouarzazate a Ait Benhadoo hay que tomar la carretera que va a Marrakech, y como os podéis imaginar, es una de las vías mas transitadas del sur de Marruecos, es por ello que hay que extremar las precauciones ya que aquí impera la ley del mas grande, atrás quedan las pistas de tierra del valle del Draa, donde apenas había tráfico.
    Saliendo de la ciudad me encentro con los estudios cinematográficos, que me hacen recordar que en esta localidad se sitúan los estudios de cine más importantes de Marruecos, donde trabajan importantes productoras internacionales, en especial para hacer películas históricas. Quien no ha visto las películas de Lawrece de arabia, tras el corazón verde, 007 alta tensión, en el reino de los cielos…? todas rodadas aquí.
    Los 20 km que separan una localidad de otra pasan rápidamente, y en apenas hora y media estoy con mi amigo Omar. Para los que no conozcáis como son los bereberes, deciros que la hospitalidad es quizás el valor que más les caracteriza, y la frase, la «prisa mata» una de las que mas utilizan, es por ello que tras un té viene la invitación a quedarme a comer, y como no, toca Tajim. Ante mi, Omar y sus amigos se ponen a cocinar en una cocina de gas, similar a las que podemos utilizar en nuestros viajes, solo que mas grande. Me comentan que el secreto está en las especias, y yo pienso, aunque lleve especias no podría cocinar esto en mi cocina multifuel. La comida riquísima.
    El resto del día lo empleo en visitar Ait Benhadoo, uno de los lugares turísticos más importantes de Marruecos, y en consecuencia, lleno de turistas durante el día. La noche es otra historia, pero esperad, dejadme que os cuente algo de Ait.
    El ksar de Ait ben Hadoo se encuentra a las orillas del río Ounila. El valle que conforma este río era la antigua ruta caravanero que conectaba el sur de Marruecos con Marrakech, y en consecuencia, en un tramo de unos 60 km fueron creciendo asentamientos en forma de ciudades fortificadas para dar protección a las caravanas (cuando no para asaltarlas).
    Ya os había contado que Ksar significa ciudad fortificada y Ait Benhadoo es el ksar mejor conservado de Marruecos, es por ello que fue declarada patrimonio de la humanidad. Dentro de esta pueblo se pueden ver, en muy buen estado, kasbahs con sus 4 torres (ya había hablado de lo que es una kasbah) y lo que me resulta más curioso es, que el edificio mejor protegido de todo el ksar es…..el granero!! en la parte más alta del cerro donde se asienta Ait Ben hadoo.
    Y si durante el día, Ait esta a rebosar de turistas, es por la noche cuando la cosa cambia y no se ve un alma en todo el pueblo. Es el momento de coger el trípode y la cámara e ir a cazar estrellas, y este lugar, tiene un lugar especial para hacerlo, en un cerro donde se domina el Ksar completamente y donde paso mi última noche del viaje disfrutando del momento, del lugar y de la soledad elegida.
    Duermo plácidamente en la casa que Omar se está construyendo en Ait, que aunque aun no tenga agua, le falte parte del techo y no tenga luz, a mi me pareció el mejor de los alojamientos.
    La mañana siguiente toca despedirse del viaje con un «hasta luego», por delante, los 20 km hasta llegar a Ouarzazate, con tiempo suficiente para dejar mi bicicleta guardada para próximas aventuras por este espectacular país. En dos días estaré recorriendo de nuevo las carreteras de esta zona, pero ese es otro viaje, con un grupo que viene a conocer el desierto de Erg Chebbi, y sin mi fiel compañera de viaje.
    Un saludo a todos, y gracias a los que hayáis podido llegar hasta el final (momentáneo) de esta crónica.

La hamaca de viaje

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El tarp

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Un tarp es lo que comúnmente llamamos lona, y es una de aquellas cosas que no deberían faltar en el equipo básico de todo cicloturista autosuficiente.

Tradicionalmente se entendía un tarp como alternativa a llevar una tienda de campaña, pero nosotros entendemos que ambos son complementarios y siempre viajamos con los dos. Os explicamos porque:

  • Es ideal para combinarlo con la tienda de campaña en un día lluvioso. Ello te permitirá, por un lado, que la tienda este seca por fuera…todos sabemos que es un incordio guardar una tienda mojada, ya que, o separas la parte exterior mojada de la interior seca, o finalmente las dos partes terminan mojadas.
  • Si se coloca lateral, del lado donde viene la lluvia, te permite cocinar en el exterior sin temor a quemar la tienda.
  • Nosotros llevamos un tarp amplio, de silnylon, un tejido que destaca por su capacidad para repeler el agua y su poco peso, lo que nos posibilita cubrir la tienda y según la configuración que le demos al tarp, también las bicicletas.

Por otro lado, cuando viajamos con hamaca, es el complemento ideal en los días de lluvia, permitiendo dormir a resguardo de la misma, al mismo tiempo que proteges el equipaje y la bicicleta de las inclemencias meteorológicas.

Existen muchos sitios por Internet donde comprar un tarp, nosotros decidimos construirnos el nuestro ya que no queríamos ajustarnos a unas medidas concretas. En otro post os contaremos como hacer uno y como impermeabilizar las costuras, tanto del tarp como de una tienda.

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Independencia energética

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Para el viajero autosuficiente, uno de los principales quebraderos de cabeza es lograr la independencia energética que le permita cargar el equipo con el que viaja, ya sea una cámara digital, un móvil, el gps y demás artilugios sin necesidad de parar en un lugar donde conectar nuestros artilugios a cargar, ya que ello supone no tener la libertad total de decidir en cada momento, una de las filosofias del ciocloturismo autosuficiente.

Nosotros llevamos ya unos años logrando esa independencia energética, adquiriendo la energía necesaria bien a través del pedaleo o bien a través de energía solar. A continuación os contamos como.

Lo primero de todo es disponer de una dinamo en la bicicleta, en nuestro caso una dinamo de buje y de un cargador solar. La dinamo de buje suministra energía a nuestra luz delantera y trasera en condiciones de poca visibilidad, pero durante el día esa energía se desperdicia a no ser que la puedas emplear de alguna forma o aún mejor, almacenarla para utilizarla posteriormente. Nosotros hacemos esto último, almacenamos esa energía que produce nuestra bicicleta en baterías externas que posteriormente podemos emplear. Para ello disponemos de un pequeño aparato llamado e-werk que permite, por un lado conectarlo a la dinamo, y por otro a la batería externa, cargándola. Con el cargador solar sucede algo similar, en condiciones de buen tiempo conectamos una batería externa al cargador solar y esto hace que a lo largo del día se vaya cargando la batería. De esta forma disponemos de dos baterías externas cargadas para su utilización cuando sea necesario.

En nuestros viajes hemos cargado cámaras digitales (3 llevamos nosotros), 2 móviles, una tablet, un frontal, el gps y un mp3 sin la necesidad de detenernos en ningún sitio a cargar. Esto independencia energética nos da una tranquilidad a la hora de utilizar nuestros aparatos electrónicos que de otra forma no lograríamos.

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Apoyar una bicicleta cargada

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A la hora de parar de pedalear, tras una jornada intensa y con la bicicleta cargada con todas las alforjas, se hace importante la estabilidad que le damos a la bici para no vernos con ella en el suelo. Si esto sucede, como poco tocará levantar un peso muerto que en el mejor de los casos no supondrá más de 30 kg, pero que en nuestro caso, pueden  llevarnos a tener que levantar un peso muerto en torno a los 50 kg.

Hay muchas soluciones a la venta para poder apoyar la bicicleta. Las denominadas patas de cabra, aunque si bien, no todas son efectivas para aguantar con la bicicleta mas el peso adicional de las alforjas, con lo que su efectividad es más que dudosa. 

A lo largo de estos años en el mundo del cicloturismo, pocas son las patas de cabra que me han convencido al 100% para hacerme pensar que es la mejor solución, sin embargo, si he encontrado una solución que para los que viajamos en autosuficiencia, durmiendo en el bosque, es bastante útil y sobre todo, fácil de encontrar.

Se podría decir que es una «pata de cabra» un poco tosca, ya que consiste en encontrar un pequeño tronco o rama ancha del largo suficiente para poder apoyar la tija del sillín o la parte del cuadro donde se une con el sillín y de ahí, hasta el suelo con una ligera inclinación. Esto que es tan sencillo os proporcionara una sujeción y estabilidad excepcional de la bicicleta cargada.

Además de ello, os recomiendo apretar el freno delantero con una goma elástica, para que así la bicicleta no se pueda desplazar hacia delante. De esta forma podeis estar seguros de que vuestra bicicleta no se moverá del sitio donde la dejéis, con la comodidad de no necesitar quitar todas las alforjas.

Otras soluciones son apoyarlas en árboles, procurando que las ramas no dañen ningún componente ni de la bicicleta ni de las alforjas. Y si viajáis en pareja siempre podréis apoyar una bici sobre la otra, siempre que mas o menos lleven el mismo peso.

¿Tienes alguna otra forma de colocar la bicicleta de forma estable?

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Buscando el Rodano

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Coincidiendo que teníamos días libres por las vacaciones de semana santa, decidimos hacer una escapada a Francia, en esta ocasión a disfrutar de la via Rhona, una ruta cicloturista que coincide con la eurovelo 17 y que une el mediterraneo con Ginebra, en suiza, y de ahí al Rhin, en una de las grandes ciclorutas europeas.

Comenzamos nuestro viaje, como es costumbre últimamente, en Barcelona, después de un trayecto en barco desde Palma de Mallorca. El porque de ello es que nos vamos con nuestra viaja furgoneta hasta el punto de partida de nuestra ruta, en la ciudad de Coms, a escasos 20 km de Avignon y la furgoneta, aunque con 27 años, está perfectamente adaptada para desplazarnos nosotros, nuestros perros y las bicicletas con todos los bártulos necesarios.

Drako y Odín, ya acostumbrados a este tipo de viajes, van perfectamente acomodados en la furgoneta, si bien hay que hacer paradas cada cierto tiempo para bajarlos y que se muevan un poco.

La primera noche, la hicimos en la Junquera, a escasos km de la frontera con Francia, para continuar al día siguiente hacía Coms, donde habíamos quedado con Annete, que nos guardaría la furgoneta los días que estuviéramos de ruta.

Annette es la presidenta de una sociedad cicloturista que promueve la creación de redes de vías verde por las proximidades del río rodano. Además de ello, es un ejemplo de jovialidad y sobre todo de hospitalidad y simpatía.

Tras madrugar para preparar las bicicletas, y dar cuenta de un desayuno con nuestros anfitriones, comenzamos la ruta que nos llevo, a traves de carreteras secundarias y con poco tráfico a la ciudad de Aviñon.

Quien no conozca Aviñon, deciros que fue residencia de los papas en 1309 y hasta mediados del siglo XVIII fue propiedad papal, y como muestra de ello, la ciudad cuenta con un importante patrimonio cultural, como la residencia papal, un majestuoso edificio que impresiona solo con verlo.

Salir de Aviñon es fácil, solo has de buscar el río ródano y cruzar a su margen izquierda, de ahí tomamos rumbo al norte, en dirección a Pont St Esprit, de donde sale un carril bici que enlaza con la vía Rhona propiamente dicha, y que prácticamente lleva a Ginebra a través de vías verdes señalizadas. Realmente habría sido sencillo llegar a nuestro destino, si no fuera porque comenzó a soplar el mistral, viento del norte que nos  ralentizó la marcha, llegando en ocasiones a suponer un serio peligro (os invito a que leáis la entrada relativa a como pedalear con viento). El viento no solo supone un incordio a la hora de pedalear, también nos obliga a buscar una zona de acampada resguardada para que no se pueda ver afectada la tienda de campaña. Para ello buscamos un bosque donde los árboles servirían  de escudo al viento, lo que nos permitió descansar plácidamente esperando que el día siguiente fuera mas llevadero para pedalear.

Pero no, el viento vino para quedarse y durante 3 días luchamos contra él. Sin darnos tregua fuimos avanzando lentamente, si bien la ruta discurre a la orilla del río, hay momentos donde, gracias a los árboles, el viento nos daba un respiro y podíamos pedalear con normalidad. Estos momentos eran escasos y a nosotros nos alegraban momentáneamente, para luego volver a enfrentarnos al mistral.

Por suerte, el tiempo acompañaba y la temperatura era muy agradable, lo que nos permitía dar pequeños paseos una vez acampábamos. Ello servía tanto para estirar nuestros músculos castigados por el esfuerzo como para que los perros pudieran jugar y estirar las patas.

Al tercer día, y tras cruzar el puente colgante de Rochemaure con un viento totalmente incontrolable, decidimos ir a Montelimar y tomar el tren hacía Lyon y hacer el camino inverso, dado que a la velocidad que podíamos pedalear nos sería imposible hacer todo el camino con los días de vacaciones de los que disponíamos. 

Para los que no conozcais el río Rónado, deciros que es uno de los grandes río europeos, que discurre por Suiza y Francia y que es el único río que comunica el norte de Europa con el mediterráneo, de ahí que desde tiempos inmemoriales sea una zona con abundante presencia humana, lo que ha dado lugar a importantes asentamientos, que en su parte francesa están perfectamente cuidados y donde se puede disfrutar de un sinfín de pequeños pueblos medievales y con construcciones tradicionales.(En la sección portafolio podréis ver mas fotografías).

Gracias a que en Francia está permitido llevar bicicletas y perros en los trenes, no fue muy complicado llegar a Lyon, lo que si fue complicado es encontrar alojamiento en una gran ciudad, entendiendo por alojamiento un lugar donde plantar la tienda y alejado del transito de vehículos. Finalmente encontramos un parque donde los guardias nos permitieron poner la tienda a condición de que a las 8 de la mañana levantáramos el campamento. Por supuesto, el parque seguía estando al lado del río. 

Ya con viento a favor el pedaleo se hizo muchísimo más sencillo y los kilómetros que antes costaba tanto realizar, ahora se hacían rápidamente, de esta forma podíamos hacer tiradas de 90-100 km diarios. A ello ayudaba también un tiempo soleado que invitaba a pedalear.

Como os decía anteriormente, la ruta está perfectamente señalizada y como hay muchos pueblos, no es difícil encontrar supermercados y tiendas de alimentación, además de ello, cada ciertos kilómetros hay áreas recreativas con mesas donde poder descansar y comer.

Para que los perros también hagan ejercicio, cada cierto tiempo salen del carro y corren al lado de las bicicletas, al cabo de unos kilómetros quieren volver a subirse en el carro y seguir el viaje cómodamente recostados.

La proximidad del río al carril bici hace que se puedan encontrar pequeños paraísos donde plantar la tienda y descansar, dar paseos a lo largo de la orilla, hacer un pequeño fuego y disfrutar de noches estrelladas.

Al igual que nosotros, los perros también pueden disfrutar de un entorno privilegiado donde poder asalvajarse y volver a integrarse con la naturaleza, aunque a la hora de dormir, prefieran la seguridad de la tienda de campaña.

Son días de bonitas estampas que plasmar con nuestra cámara o simplemente en la retina, pero os aseguro que cada rincón es un regalo para fotografiar.

Los perros están tan acostumbrados a ir en el carro que suben a él sin problemas y parece que saben que en la siguiente parada podrán volver a jugar y disfrutar. Incluso se permiten tomar la siesta.De todas formas hay que estar muy atento a hidratarlos asiduamente, sobre todo después de las carreras que se pegan.

Así, poco a poco, vamos terminando nuestro viaje, volviendo de nuevo a Coms, a casa de nuestros anfitriones donde tenemos una entrañable cena de despedida. Nos vamos con la certeza que volveremos de nuevo, esta vez con los «louris on the road» el próximo verano.


                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                            Ver mas fotos de este viaje

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Pedalear con viento

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Estos días que nos ha tocado pedalear con un  viento infernal en contra, me ha hecho pensar en que medidas hay que tomar para enfrentarte a esta situación y no desesperar en el intento.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que, acompañado al desgaste físico, que lo hay, también tenemos un desgaste psicológico que es, probablemente mucho mas agotador, y por consiguiente es preferible tratar primero este desgaste antes que el anterior.

Durante estos días me he acordado de mis hermanos, Pedro y José. Hace años, y mientras bebíamos una cerveza, trataba de explicarles lo que para mi significaba viajar en bicicleta y como «me transformaba en viento» para superar esos días donde apenas puedes pedalear por culpa de esa lucha contra eolo. Aún es hoy que en cualquier reunión familiar se recuerda ese día con bromas sobre mi explicación y achacándola a las cervezas que nos estábamos bebiendo.

Realmente hoy, después de unos años, podría dar una explicación que quizás, y solo quizás, pudieran llegar a entender. En coaching lo llamamos hacer un anclaje de una experiencia positiva para poder recurrir a ella en momentos donde los pensamientos negativos pueden dar al traste con un día de pedaleo contra el viento.

Pues bien, «ese convertirse en viento» no es mas que recurrir a todos esos anclajes que te hagan evadirte de la situación que se produce al ver que no puedes avanzar, por mucho que lo intentes.

Además de ello, hay aspectos importantes a considerar, como puede ser el olvidarse del cuenta kilómetros, no hacerle caso, y no obsesionarse con hacer x kilómetros. Un pedaleo contra el viento es una situación excepcional que requiere ante todo mucha paciencia, y evitar elementos distorsionadores (como ver que los kilómetros no pasan a pesar del esfuerzo).

Hay que tener además otras consideraciones, ponte gafas de sol, el viento arrastrará todo tipo de objetos sobre tu cara, si hay mucho polvo, arena o semillas en suspensión, trata de protegerte la boca.

Protégete los labios con algún protector, el viento te los resecará rápidamente.

Anticípate a la carretera, mira hacía donde van las curvas y planea por donde te va a venir el viento, no hacerlo puede suponer que te arrastre contra la cuneta.

Piensa que las alforjas actúan como un par de pequeñas velas, lo que con viento a favor favorece la marcha, con viento en contra implica todo lo contrario. Ten cuidado de no llevar nada medio suelto atado al manillar o a las alforjas, puedes recibir latigazos molestos, cuando no dolorosos.

Por supuesto, haz paradas abundantes e hidrátate bien y ante todo, piensa que la jornada puede ser muy larga, y como os decía al principio, paciencia, paciencia y mas paciencia……

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Como organizar un viaje con familia en bicicleta

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Hacer un viaje cicloturista en familia es una experiencia extraordinaria, pero hay una serie de premisas que has de cuidar no quieres que se tuerce todo antes de empezar.

Lo primero que debemos considerar es la época del año que queremos ir, de ello va a depender por un lado el destino y por otro la selección del material que debemos llevar. No es lo mismo pedalear con mucho calor que con una temperatura media, del mismo modo que no es lo mismo tener que llevar mucha ropa de abrigo que es la que mas ocupa y pesa que no necesitarla.

Una vez definida la época del año y el destino hay que contar con cuantos días disponemos para realizar la ruta y en consecuencia hacerse una idea aproximada sobre el mapa de la ruta general a seguir. Ello nos ayudará a establecer etapas mínimas que debemos cumplir para conseguir terminar la ruta, de lo contrario nos podremos encontrar que el tiempo nos viene demasiado justo y nos obligara a depender de un medio de transporte colectivo. Si es posible, busca de antemano posibles rutas alternativas (sobre el mapa) por si es necesario alterar el itinerario. 

Haz participe a cada uno de los miembros de la familia de la preparación del material necesario. Es conveniente hacer una lista de todo aquello que ha de llevar cada uno, tanto material individual como de uso colectivo. Sobre esto, ten en cuenta que duplicar material de uso colectivo solo significa cargar con mas peso. Haz un reparto del material colectivo entre todos los miembros del grupo, de esta forma todos serán necesarios.

En el tipo de viaje autosuficiente no es necesario planificar el hospedaje previamente, durante el camino verás un sin fin de lugares aptos para acampar y a medida que avances en el viaje notarás como cada miembro del grupo agudiza sus sentidos para encontrar un sitio. En caso de que quieras alojarte en hotel o albergue, has de planificar el alojamiento previamente.

Después de nuestra experiencia por el rodano, aconsejamos no solo mirar las condiciones meteorológicas con las que te vas a encontrar, si no también la dirección del viento, ya que ello puede hacer que sea necesario variar la dirección del recorrido, si es posible, de lo contrario, os aconsejo que leáis la entrada dedicada a como pedalear con viento en contra.

Como esta página ira enriqueciéndose a medida que vayamos adquiriendo mas experiencia, lo dejamos aquí con un  hasta pronto y animándoos a hacer partícipe de la experiencia de viajar en bici a vuestra familia. 

 

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Siguiendo el río Lot

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Como ya os habíamos dicho en la presentación de esta sección, dado que nos fue imposible dejar a nuestros compañeros peludos en casa, y ante la necesidad de unas bien merecidas vacaciones, decidimos que nos iríamos los 4.

Lo primero de todo fue comprar un carro para mascotas, que tendríamos que arrastras detrás de una de las bicicletas. No sin cierto temor, dado que el peso de trailer y peludos era de 42 kg, a los que tendríamos que sumar el resto de equipaje. Y así se presentaba el panorama.

Con cierto temor ante lo desconocido de mi capacidad para arrastrar semejante peso, decido cambiar el plato de mi bicicleta (solo llevo uno) de uno de 44 dientes a uno de 40, que me permitiría afrontar mejor las subidas.

Puente histórico de Cahors

Para este primer viaje buscamos una ruta no muy montañosa y que siguiera el cauce de algún río, además, y dado que saldríamos de Barcelona en furgoneta, el destino no debería estar muy lejos, ya que preferíamos invertir los días en pedalear y no en conducir. De esta forma nos decantamos por comenzar nuestro viaje siguiendo el río Lot, para luego enlazar con el canal del Garona y posteriormente seguir el curso del río Tarn.

De esta forma, nuestro viaje comienza en Cahors, una bonita ciudad a orillas del río Lot y que cuenta con un estupendo casco histórico. 

Desde Cahors tomamos dirección hacía Aiguillon, donde se une el río Lot con el canal del Garona. La senda era muy sencilla, y si bien hay tramos donde se junta con la carretera, la mayoría del recorrido discurre por carriles bici o pequeños caminos rurales asfaltados sin apenas tráfico, lo cual nos permitía que los peludos hicieran tramos corriendo cada cierto tiempo, para evitar así que se pasasen mucho tiempo en el carro.

Así transcurrían los kilómetros, entre viñedos, bosques y pueblos medievales con mucho encanto y que nos iban regalando bonitas postales, lo cual hacía disfrutar del pedaleo.

Una de las principales cuestiones a tener en cuenta a la hora de viajar con peludos es el tema del agua, ya que si bien pedaleamos cerca de un río, este no siempre está accesible, así que cada cierto tiempo hay que hacer paradas para beber y que los peludos estiren las patas. De esta forma, y con un poco de juego, son ellos los que piden volver a subirse al carro para continuar camino. 

Como ya os habíamos comentado, la ruta esta rodeada de zonas de frutales, entre viñedos y manzanos, lo que nos permitía de tanto en tanto saciar el hambre con fruta recién recogida e incluso guardar una poca para el desayuno, así que para alguien a quien le guste tanto la fruta como a nosotros, esto es un pequeño paraíso.

 

 

Además de todo ello, los numerosos pueblecitos y los bonitos rincones a lo largo de nuestra ruta hace que el pedaleo sea mas ameno, y  a ello añadimos que no hay muchas cuestas, de tal forma que el recorrido no es muy exigente físicamente.

 Así, kilómetro tras kilómetro, nos plantamos en Aiguillon, donde el río Lot se une con el canal del Garona.
El canal del Garona, es una obra impresionante que unía el atlántico con el mediterraneo (junto con el canal del midi) y por donde estaban los caminos laterales del canal que servían para que caballos arrastrasen las barcazas de carga, ahora están habilitados con carriles para bicicletas.

El recorrido por el canal es sencillamente llano, fácil y muy aburrido. El paisaje está plagado de plataneros a ambos lados del camino y tras ellos hay zonas de cultivos. Eso hace que sean jornadas de pedaleo muy monótonas.

La facilidad del pedaleo en esta zona hacen que sea una ruta cicloturista de mucho transito, convirtiéndose, junto con el canal du midi en una de las rutas mas transitadas en bicicleta de Europa.


.Uno de los problemas de la ruta por el Garona llega a la hora de encontrar un sitio para acampar (para los que hacemos cicloturismo autosuficiente), El canal discurre en muchos tramos al lado de carreteras y está franqueado en otras zonas con matorrales que dificultan el poder plantar la tienda de campaña, lo que obliga a que aprovechemos cualquier pequeño trozo de terreno despejado.

Así, poco a poco vamos llegando al último tramo del viaje, el río Tarn, atrás dejamos bonitas imágenes en la retina y algunas de ellas logramos plasmarlas en fotografías.

A veces son solo reflejos sobre el río, momento que aprovechamos para simplemente no hacer nada y relajarnos disfrutando del paso del tiempo.


Otras te permite contemplar una puesta de sol, y es ahí, cuando comienzas a coleccionar atardeceres, donde comienzas a sentir que estás en el lugar apropiado y en el momento preciso.

Se puede decir que entramos en el río Tarn a través de Albi, una ciudad que me trae recuerdos de algún libro leído sobre la cruzada cátara, o también denominada Albigense y de la que hay mucha información por internet. Para uno que es amante de la historia, el relacionar sitios por donde pasas con hechos históricos estudiados representa buen momento para dar un repaso a lo aprendido.

Y a todo esto, días antes del viaje había estado leyendo el libro «la llamada de lo salvaje» de Jack London, que narra la historia de un perro que vive plácidamente en una casa de lujo en compañía de sus amos y tras ser robado y llevado a Alaska en los tiempos de la fiebre del oro, termina viviendo en plena naturaleza.

Esto mismo es lo que yo voy notando en Drako y Odin, a medida que van transcurriendo los días, se van asalvajando y cada vez disfrutan más de su condición de nómadas, viven con la luz del día, juegan, se pelean entre ellos, corren…y también descubren otros placeres que les proporciona la naturaleza, como son las moras, de las que han aprendido a cogerlas, ya sin pincharse y donde hay momentos en los que parece que nos peleamos para ver quien es capaz de comer más.

Así van transcurriendo los días, siempre con un río al lado que nos permite no solo asearnos cada día, sino también disfrutar de bonitos momentos de relax 

La ruta a lo largo del río Tarn es preciosa, casi siempre paralela al cauce del río, sin mucho desnivel, hasta que nos damos cuenta de que apenas nos queda comida y a lo largo de la ruta no encontramos ninguna tienda donde hacer avituallamiento, de tal forma que cuando encontramos un desvío que indica un supermercado a escasos 5 km, decidimos desviarnos. Craso error, las cuestas son brutales y parecen interminables. Estábamos mentalizados de que salir del valle sería duro, pero esto supera nuestras espectativas y en mas de una ocasión nos vemos obligados a echar pie a tierra. Por si fuera poco, es una carretera bastante transitada y no me atrevo a llevar a los perros sueltos, con lo cual el esfuerzo se multiplica y a eso se une que hace bastante calor y las existencias de agua van mermando a medida que pasan los kilómetros.

Una vez arriba, agotados y destrozados físicamente, entramos en el supermercado y arrasamos entre zumos, agua y comida. tenemos que ir dos veces a comprar para reponer los alimentos.

Ya tomando el camino de vuelta haca Cahors decidimos desviarnos hacia un pueblo catalogado como el mas bello de Francia. Bellcastel es una villa donde parece que no ha pasado el tiempo. Tiene un  castillo medieval y todo su entramado está construido en piedra y tiene un camping municipal abierto donde decidimos quedarnos para poder tomar la primera ducha caliente después de 10 días.

Llegar a Belcastel no es difícil, aunque realmente hay unas buenas cuestas, pero en su mayoría de bajada. Lo realmente difícil es salir de aquí, de Hecho me hacía gracia cuando los turistas que habían por allí nos preguntaban si nuestras bicicletas eran eléctricas. 

El resto del camino hasta Cahors lo realizamos casi todo por carretera hasta completar el círculo, además de que los días fueron muy calurosos y debíamos hacer paradas constantes para hidratarnos todos.

Y muchas veces hacíamos paradas simplemente buscando una sombra donde cobijarnos y esperando que alguna nube tapase el sol para poder continuar.

Y finalmente de nuevo en Cahors, donde recogemos la furgoneta y damos por terminado nuestro viaje.

Finalmente, de esta experiencia nos quedamos con la sensación de que no hay nada que nos detenga si ponemos pasión y ganas y en futuras ocasiones ya no nos plantearemos si es o no posible viajar con nuestros amigos peludos.

Buenpedal, septiembre 2016.


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