El tarp

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Un tarp es lo que comúnmente llamamos lona, y es una de aquellas cosas que no deberían faltar en el equipo básico de todo cicloturista autosuficiente.

Tradicionalmente se entendía un tarp como alternativa a llevar una tienda de campaña, pero nosotros entendemos que ambos son complementarios y siempre viajamos con los dos. Os explicamos porque:

  • Es ideal para combinarlo con la tienda de campaña en un día lluvioso. Ello te permitirá, por un lado, que la tienda este seca por fuera…todos sabemos que es un incordio guardar una tienda mojada, ya que, o separas la parte exterior mojada de la interior seca, o finalmente las dos partes terminan mojadas.
  • Si se coloca lateral, del lado donde viene la lluvia, te permite cocinar en el exterior sin temor a quemar la tienda.
  • Nosotros llevamos un tarp amplio, de silnylon, un tejido que destaca por su capacidad para repeler el agua y su poco peso, lo que nos posibilita cubrir la tienda y según la configuración que le demos al tarp, también las bicicletas.

Por otro lado, cuando viajamos con hamaca, es el complemento ideal en los días de lluvia, permitiendo dormir a resguardo de la misma, al mismo tiempo que proteges el equipaje y la bicicleta de las inclemencias meteorológicas.

Existen muchos sitios por Internet donde comprar un tarp, nosotros decidimos construirnos el nuestro ya que no queríamos ajustarnos a unas medidas concretas. En otro post os contaremos como hacer uno y como impermeabilizar las costuras, tanto del tarp como de una tienda.

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Acampada libre


La acampada libre es la evolución natural en los viajes en bicicleta y es una de los hechos que configuran el cicloturismo autosuficiente.
Al principio los miedos e inseguridades obligan a buscar cobijo y alojamiento en sitios de pago, ya sean hoteles o camping, hasta que un día esas previsiones fallan, te ves obligado a pernoctar en un sitio que no preveías, haces tu primera acampada libre. En esa primera noche cada leve crujir de ramas o cada sonido producido por el viento sobre las hojas de los árboles es un estremecimiento de temor y posiblemente esos leves sonidos impidan que puedas disfrutar de tu primera noche en libertad. Ni siquiera eres consciente del millón de estrellas que puedes contemplar, ni de los sonidos que la naturaleza despliega a horas intempestivas. Estas demasiado inseguro, demasiado cansado y con tantos miedos que no te es posible apreciar que eres totalmente independiente.

Tras esa primera noche, y cuando ves amanecer, piensas que no ha sido tan malo y que, quizás, puedas volver a repetirlo, además de ello, tu presupuesto se vuelve elástico ya que, si no has de gastar dinero en alojamiento, puedes invertir ese dinero en otras cosas. Y así, viaje tras viaje y noche tras noche te vas volviendo mas salvaje, mas autosuficiente, hasta que de cicloturista pasas a ser cicloaventurero.
Los cicloaventureros elegimos el lugar donde vamos a dormir, acarreamos en nuestras alforjas todo lo necesario para pasar largas temporadas sin depender absolutamente de nada, y es precisamente esa independencia la que se vuelve tan irresistible.

Y tú ¿Cuando vas a experimentarla?

Independencia energética

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Para el viajero autosuficiente, uno de los principales quebraderos de cabeza es lograr la independencia energética que le permita cargar el equipo con el que viaja, ya sea una cámara digital, un móvil, el gps y demás artilugios sin necesidad de parar en un lugar donde conectar nuestros artilugios a cargar, ya que ello supone no tener la libertad total de decidir en cada momento, una de las filosofias del ciocloturismo autosuficiente.

Nosotros llevamos ya unos años logrando esa independencia energética, adquiriendo la energía necesaria bien a través del pedaleo o bien a través de energía solar. A continuación os contamos como.

Lo primero de todo es disponer de una dinamo en la bicicleta, en nuestro caso una dinamo de buje y de un cargador solar. La dinamo de buje suministra energía a nuestra luz delantera y trasera en condiciones de poca visibilidad, pero durante el día esa energía se desperdicia a no ser que la puedas emplear de alguna forma o aún mejor, almacenarla para utilizarla posteriormente. Nosotros hacemos esto último, almacenamos esa energía que produce nuestra bicicleta en baterías externas que posteriormente podemos emplear. Para ello disponemos de un pequeño aparato llamado e-werk que permite, por un lado conectarlo a la dinamo, y por otro a la batería externa, cargándola. Con el cargador solar sucede algo similar, en condiciones de buen tiempo conectamos una batería externa al cargador solar y esto hace que a lo largo del día se vaya cargando la batería. De esta forma disponemos de dos baterías externas cargadas para su utilización cuando sea necesario.

En nuestros viajes hemos cargado cámaras digitales (3 llevamos nosotros), 2 móviles, una tablet, un frontal, el gps y un mp3 sin la necesidad de detenernos en ningún sitio a cargar. Esto independencia energética nos da una tranquilidad a la hora de utilizar nuestros aparatos electrónicos que de otra forma no lograríamos.

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Apoyar una bicicleta cargada

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A la hora de parar de pedalear, tras una jornada intensa y con la bicicleta cargada con todas las alforjas, se hace importante la estabilidad que le damos a la bici para no vernos con ella en el suelo. Si esto sucede, como poco tocará levantar un peso muerto que en el mejor de los casos no supondrá más de 30 kg, pero que en nuestro caso, pueden  llevarnos a tener que levantar un peso muerto en torno a los 50 kg.

Hay muchas soluciones a la venta para poder apoyar la bicicleta. Las denominadas patas de cabra, aunque si bien, no todas son efectivas para aguantar con la bicicleta mas el peso adicional de las alforjas, con lo que su efectividad es más que dudosa. 

A lo largo de estos años en el mundo del cicloturismo, pocas son las patas de cabra que me han convencido al 100% para hacerme pensar que es la mejor solución, sin embargo, si he encontrado una solución que para los que viajamos en autosuficiencia, durmiendo en el bosque, es bastante útil y sobre todo, fácil de encontrar.

Se podría decir que es una «pata de cabra» un poco tosca, ya que consiste en encontrar un pequeño tronco o rama ancha del largo suficiente para poder apoyar la tija del sillín o la parte del cuadro donde se une con el sillín y de ahí, hasta el suelo con una ligera inclinación. Esto que es tan sencillo os proporcionara una sujeción y estabilidad excepcional de la bicicleta cargada.

Además de ello, os recomiendo apretar el freno delantero con una goma elástica, para que así la bicicleta no se pueda desplazar hacia delante. De esta forma podeis estar seguros de que vuestra bicicleta no se moverá del sitio donde la dejéis, con la comodidad de no necesitar quitar todas las alforjas.

Otras soluciones son apoyarlas en árboles, procurando que las ramas no dañen ningún componente ni de la bicicleta ni de las alforjas. Y si viajáis en pareja siempre podréis apoyar una bici sobre la otra, siempre que mas o menos lleven el mismo peso.

¿Tienes alguna otra forma de colocar la bicicleta de forma estable?

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Buscando el Rodano

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Coincidiendo que teníamos días libres por las vacaciones de semana santa, decidimos hacer una escapada a Francia, en esta ocasión a disfrutar de la via Rhona, una ruta cicloturista que coincide con la eurovelo 17 y que une el mediterraneo con Ginebra, en suiza, y de ahí al Rhin, en una de las grandes ciclorutas europeas.

Comenzamos nuestro viaje, como es costumbre últimamente, en Barcelona, después de un trayecto en barco desde Palma de Mallorca. El porque de ello es que nos vamos con nuestra viaja furgoneta hasta el punto de partida de nuestra ruta, en la ciudad de Coms, a escasos 20 km de Avignon y la furgoneta, aunque con 27 años, está perfectamente adaptada para desplazarnos nosotros, nuestros perros y las bicicletas con todos los bártulos necesarios.

Drako y Odín, ya acostumbrados a este tipo de viajes, van perfectamente acomodados en la furgoneta, si bien hay que hacer paradas cada cierto tiempo para bajarlos y que se muevan un poco.

La primera noche, la hicimos en la Junquera, a escasos km de la frontera con Francia, para continuar al día siguiente hacía Coms, donde habíamos quedado con Annete, que nos guardaría la furgoneta los días que estuviéramos de ruta.

Annette es la presidenta de una sociedad cicloturista que promueve la creación de redes de vías verde por las proximidades del río rodano. Además de ello, es un ejemplo de jovialidad y sobre todo de hospitalidad y simpatía.

Tras madrugar para preparar las bicicletas, y dar cuenta de un desayuno con nuestros anfitriones, comenzamos la ruta que nos llevo, a traves de carreteras secundarias y con poco tráfico a la ciudad de Aviñon.

Quien no conozca Aviñon, deciros que fue residencia de los papas en 1309 y hasta mediados del siglo XVIII fue propiedad papal, y como muestra de ello, la ciudad cuenta con un importante patrimonio cultural, como la residencia papal, un majestuoso edificio que impresiona solo con verlo.

Salir de Aviñon es fácil, solo has de buscar el río ródano y cruzar a su margen izquierda, de ahí tomamos rumbo al norte, en dirección a Pont St Esprit, de donde sale un carril bici que enlaza con la vía Rhona propiamente dicha, y que prácticamente lleva a Ginebra a través de vías verdes señalizadas. Realmente habría sido sencillo llegar a nuestro destino, si no fuera porque comenzó a soplar el mistral, viento del norte que nos  ralentizó la marcha, llegando en ocasiones a suponer un serio peligro (os invito a que leáis la entrada relativa a como pedalear con viento). El viento no solo supone un incordio a la hora de pedalear, también nos obliga a buscar una zona de acampada resguardada para que no se pueda ver afectada la tienda de campaña. Para ello buscamos un bosque donde los árboles servirían  de escudo al viento, lo que nos permitió descansar plácidamente esperando que el día siguiente fuera mas llevadero para pedalear.

Pero no, el viento vino para quedarse y durante 3 días luchamos contra él. Sin darnos tregua fuimos avanzando lentamente, si bien la ruta discurre a la orilla del río, hay momentos donde, gracias a los árboles, el viento nos daba un respiro y podíamos pedalear con normalidad. Estos momentos eran escasos y a nosotros nos alegraban momentáneamente, para luego volver a enfrentarnos al mistral.

Por suerte, el tiempo acompañaba y la temperatura era muy agradable, lo que nos permitía dar pequeños paseos una vez acampábamos. Ello servía tanto para estirar nuestros músculos castigados por el esfuerzo como para que los perros pudieran jugar y estirar las patas.

Al tercer día, y tras cruzar el puente colgante de Rochemaure con un viento totalmente incontrolable, decidimos ir a Montelimar y tomar el tren hacía Lyon y hacer el camino inverso, dado que a la velocidad que podíamos pedalear nos sería imposible hacer todo el camino con los días de vacaciones de los que disponíamos. 

Para los que no conozcais el río Rónado, deciros que es uno de los grandes río europeos, que discurre por Suiza y Francia y que es el único río que comunica el norte de Europa con el mediterráneo, de ahí que desde tiempos inmemoriales sea una zona con abundante presencia humana, lo que ha dado lugar a importantes asentamientos, que en su parte francesa están perfectamente cuidados y donde se puede disfrutar de un sinfín de pequeños pueblos medievales y con construcciones tradicionales.(En la sección portafolio podréis ver mas fotografías).

Gracias a que en Francia está permitido llevar bicicletas y perros en los trenes, no fue muy complicado llegar a Lyon, lo que si fue complicado es encontrar alojamiento en una gran ciudad, entendiendo por alojamiento un lugar donde plantar la tienda y alejado del transito de vehículos. Finalmente encontramos un parque donde los guardias nos permitieron poner la tienda a condición de que a las 8 de la mañana levantáramos el campamento. Por supuesto, el parque seguía estando al lado del río. 

Ya con viento a favor el pedaleo se hizo muchísimo más sencillo y los kilómetros que antes costaba tanto realizar, ahora se hacían rápidamente, de esta forma podíamos hacer tiradas de 90-100 km diarios. A ello ayudaba también un tiempo soleado que invitaba a pedalear.

Como os decía anteriormente, la ruta está perfectamente señalizada y como hay muchos pueblos, no es difícil encontrar supermercados y tiendas de alimentación, además de ello, cada ciertos kilómetros hay áreas recreativas con mesas donde poder descansar y comer.

Para que los perros también hagan ejercicio, cada cierto tiempo salen del carro y corren al lado de las bicicletas, al cabo de unos kilómetros quieren volver a subirse en el carro y seguir el viaje cómodamente recostados.

La proximidad del río al carril bici hace que se puedan encontrar pequeños paraísos donde plantar la tienda y descansar, dar paseos a lo largo de la orilla, hacer un pequeño fuego y disfrutar de noches estrelladas.

Al igual que nosotros, los perros también pueden disfrutar de un entorno privilegiado donde poder asalvajarse y volver a integrarse con la naturaleza, aunque a la hora de dormir, prefieran la seguridad de la tienda de campaña.

Son días de bonitas estampas que plasmar con nuestra cámara o simplemente en la retina, pero os aseguro que cada rincón es un regalo para fotografiar.

Los perros están tan acostumbrados a ir en el carro que suben a él sin problemas y parece que saben que en la siguiente parada podrán volver a jugar y disfrutar. Incluso se permiten tomar la siesta.De todas formas hay que estar muy atento a hidratarlos asiduamente, sobre todo después de las carreras que se pegan.

Así, poco a poco, vamos terminando nuestro viaje, volviendo de nuevo a Coms, a casa de nuestros anfitriones donde tenemos una entrañable cena de despedida. Nos vamos con la certeza que volveremos de nuevo, esta vez con los «louris on the road» el próximo verano.


                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                            Ver mas fotos de este viaje

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Pedalear con viento

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Estos días que nos ha tocado pedalear con un  viento infernal en contra, me ha hecho pensar en que medidas hay que tomar para enfrentarte a esta situación y no desesperar en el intento.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que, acompañado al desgaste físico, que lo hay, también tenemos un desgaste psicológico que es, probablemente mucho mas agotador, y por consiguiente es preferible tratar primero este desgaste antes que el anterior.

Durante estos días me he acordado de mis hermanos, Pedro y José. Hace años, y mientras bebíamos una cerveza, trataba de explicarles lo que para mi significaba viajar en bicicleta y como «me transformaba en viento» para superar esos días donde apenas puedes pedalear por culpa de esa lucha contra eolo. Aún es hoy que en cualquier reunión familiar se recuerda ese día con bromas sobre mi explicación y achacándola a las cervezas que nos estábamos bebiendo.

Realmente hoy, después de unos años, podría dar una explicación que quizás, y solo quizás, pudieran llegar a entender. En coaching lo llamamos hacer un anclaje de una experiencia positiva para poder recurrir a ella en momentos donde los pensamientos negativos pueden dar al traste con un día de pedaleo contra el viento.

Pues bien, «ese convertirse en viento» no es mas que recurrir a todos esos anclajes que te hagan evadirte de la situación que se produce al ver que no puedes avanzar, por mucho que lo intentes.

Además de ello, hay aspectos importantes a considerar, como puede ser el olvidarse del cuenta kilómetros, no hacerle caso, y no obsesionarse con hacer x kilómetros. Un pedaleo contra el viento es una situación excepcional que requiere ante todo mucha paciencia, y evitar elementos distorsionadores (como ver que los kilómetros no pasan a pesar del esfuerzo).

Hay que tener además otras consideraciones, ponte gafas de sol, el viento arrastrará todo tipo de objetos sobre tu cara, si hay mucho polvo, arena o semillas en suspensión, trata de protegerte la boca.

Protégete los labios con algún protector, el viento te los resecará rápidamente.

Anticípate a la carretera, mira hacía donde van las curvas y planea por donde te va a venir el viento, no hacerlo puede suponer que te arrastre contra la cuneta.

Piensa que las alforjas actúan como un par de pequeñas velas, lo que con viento a favor favorece la marcha, con viento en contra implica todo lo contrario. Ten cuidado de no llevar nada medio suelto atado al manillar o a las alforjas, puedes recibir latigazos molestos, cuando no dolorosos.

Por supuesto, haz paradas abundantes e hidrátate bien y ante todo, piensa que la jornada puede ser muy larga, y como os decía al principio, paciencia, paciencia y mas paciencia……

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Organizando las alforjas

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Partiendo de la premisa de que la organización de material es una cuestión muy personal, si creo que hay cuestiones que es conveniente tener en cuenta a la hora de organizar las alforjas.

Lo primero a tener en cuenta es si vamos a llevar solo alforjas traseras o también delanteras ya que de ello va a depender la distribución de todo el material que llevaremos.

Pensad que si solo viajamos con alforjas traseras, has de meter todo el material junto y se llevarían las alforjas mucho mas llenas que si las podemos distribuir entre alforjas delanteras y traseras.

Nosotros siempre viajamos con delanteras, traseras y bolsa sobre portabultos trasero, lo cual nos da una capacidad de carga y distribución muy alta, si bien una de las primeras premisas a tener en cuenta es que lleves lo que vas a necesitar (haremos una entrada con aquel material que no puedes olvidar), y no cargar con exceso de artículos que no vas a utilizar, ya por llevarlos duplicados, ya porque la filosofía del viaje te va a impedir utilizarlos.

Sea como sea, hay varias cosas que has de tener en cuenta:

  • Trata de distribuir bien el peso de forma que la bicicleta no te pese mas de un lado que de otro.
  • Lleva el mayor peso en las alforjas traseras y deja las delanteras para aquellas cosas que pesen menos, así te será mas sencillo manejar la bicicleta.
  • Utiliza la bolsa de manillar para llevar aquello que sabes vas a utilizar mas a menudo, la cámara de fotos, la navaja, la documentación…etc
  • Organiza las alforjas como si de una casa se tratara, piensa que una alforja puede ser el dormitorio, con el saco, la esterilla la almohada y la ropa de dormir, otra con los útiles de cocina, y botes con comida. Las delanteras son ideales para llevar ropa y la bolsa sobre el portabultos para aquello mas pesado como la tienda de campaña.
  • Importantísimo, si usas cocina multifuel, no lleves nunca la cocina ni el bote de combustible en el mismo sitio que la comida, a no ser que quieras que toda la comida te sepa a gasolina.
  • Anticípate a la climatología, y si hay riesgo de lluvia trata de no llevar el chubasquero en lo mas profundo de una alforja o el protector solar en una alforja que te obligue a desmontar todo.
  • Organiza siempre las alforjas de la misma forma, llegará un momento que se vuelva un hábito y no tendrás que pensar donde va cada cosa, y ante todo piensa que cada cosa tiene su lugar y siempre hay un lugar para cada cosa.
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Como organizar un viaje con familia en bicicleta

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Hacer un viaje cicloturista en familia es una experiencia extraordinaria, pero hay una serie de premisas que has de cuidar no quieres que se tuerce todo antes de empezar.

Lo primero que debemos considerar es la época del año que queremos ir, de ello va a depender por un lado el destino y por otro la selección del material que debemos llevar. No es lo mismo pedalear con mucho calor que con una temperatura media, del mismo modo que no es lo mismo tener que llevar mucha ropa de abrigo que es la que mas ocupa y pesa que no necesitarla.

Una vez definida la época del año y el destino hay que contar con cuantos días disponemos para realizar la ruta y en consecuencia hacerse una idea aproximada sobre el mapa de la ruta general a seguir. Ello nos ayudará a establecer etapas mínimas que debemos cumplir para conseguir terminar la ruta, de lo contrario nos podremos encontrar que el tiempo nos viene demasiado justo y nos obligara a depender de un medio de transporte colectivo. Si es posible, busca de antemano posibles rutas alternativas (sobre el mapa) por si es necesario alterar el itinerario. 

Haz participe a cada uno de los miembros de la familia de la preparación del material necesario. Es conveniente hacer una lista de todo aquello que ha de llevar cada uno, tanto material individual como de uso colectivo. Sobre esto, ten en cuenta que duplicar material de uso colectivo solo significa cargar con mas peso. Haz un reparto del material colectivo entre todos los miembros del grupo, de esta forma todos serán necesarios.

En el tipo de viaje autosuficiente no es necesario planificar el hospedaje previamente, durante el camino verás un sin fin de lugares aptos para acampar y a medida que avances en el viaje notarás como cada miembro del grupo agudiza sus sentidos para encontrar un sitio. En caso de que quieras alojarte en hotel o albergue, has de planificar el alojamiento previamente.

Después de nuestra experiencia por el rodano, aconsejamos no solo mirar las condiciones meteorológicas con las que te vas a encontrar, si no también la dirección del viento, ya que ello puede hacer que sea necesario variar la dirección del recorrido, si es posible, de lo contrario, os aconsejo que leáis la entrada dedicada a como pedalear con viento en contra.

Como esta página ira enriqueciéndose a medida que vayamos adquiriendo mas experiencia, lo dejamos aquí con un  hasta pronto y animándoos a hacer partícipe de la experiencia de viajar en bici a vuestra familia. 

 

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Siguiendo el río Lot

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Como ya os habíamos dicho en la presentación de esta sección, dado que nos fue imposible dejar a nuestros compañeros peludos en casa, y ante la necesidad de unas bien merecidas vacaciones, decidimos que nos iríamos los 4.

Lo primero de todo fue comprar un carro para mascotas, que tendríamos que arrastras detrás de una de las bicicletas. No sin cierto temor, dado que el peso de trailer y peludos era de 42 kg, a los que tendríamos que sumar el resto de equipaje. Y así se presentaba el panorama.

Con cierto temor ante lo desconocido de mi capacidad para arrastrar semejante peso, decido cambiar el plato de mi bicicleta (solo llevo uno) de uno de 44 dientes a uno de 40, que me permitiría afrontar mejor las subidas.

Puente histórico de Cahors

Para este primer viaje buscamos una ruta no muy montañosa y que siguiera el cauce de algún río, además, y dado que saldríamos de Barcelona en furgoneta, el destino no debería estar muy lejos, ya que preferíamos invertir los días en pedalear y no en conducir. De esta forma nos decantamos por comenzar nuestro viaje siguiendo el río Lot, para luego enlazar con el canal del Garona y posteriormente seguir el curso del río Tarn.

De esta forma, nuestro viaje comienza en Cahors, una bonita ciudad a orillas del río Lot y que cuenta con un estupendo casco histórico. 

Desde Cahors tomamos dirección hacía Aiguillon, donde se une el río Lot con el canal del Garona. La senda era muy sencilla, y si bien hay tramos donde se junta con la carretera, la mayoría del recorrido discurre por carriles bici o pequeños caminos rurales asfaltados sin apenas tráfico, lo cual nos permitía que los peludos hicieran tramos corriendo cada cierto tiempo, para evitar así que se pasasen mucho tiempo en el carro.

Así transcurrían los kilómetros, entre viñedos, bosques y pueblos medievales con mucho encanto y que nos iban regalando bonitas postales, lo cual hacía disfrutar del pedaleo.

Una de las principales cuestiones a tener en cuenta a la hora de viajar con peludos es el tema del agua, ya que si bien pedaleamos cerca de un río, este no siempre está accesible, así que cada cierto tiempo hay que hacer paradas para beber y que los peludos estiren las patas. De esta forma, y con un poco de juego, son ellos los que piden volver a subirse al carro para continuar camino. 

Como ya os habíamos comentado, la ruta esta rodeada de zonas de frutales, entre viñedos y manzanos, lo que nos permitía de tanto en tanto saciar el hambre con fruta recién recogida e incluso guardar una poca para el desayuno, así que para alguien a quien le guste tanto la fruta como a nosotros, esto es un pequeño paraíso.

 

 

Además de todo ello, los numerosos pueblecitos y los bonitos rincones a lo largo de nuestra ruta hace que el pedaleo sea mas ameno, y  a ello añadimos que no hay muchas cuestas, de tal forma que el recorrido no es muy exigente físicamente.

 Así, kilómetro tras kilómetro, nos plantamos en Aiguillon, donde el río Lot se une con el canal del Garona.
El canal del Garona, es una obra impresionante que unía el atlántico con el mediterraneo (junto con el canal del midi) y por donde estaban los caminos laterales del canal que servían para que caballos arrastrasen las barcazas de carga, ahora están habilitados con carriles para bicicletas.

El recorrido por el canal es sencillamente llano, fácil y muy aburrido. El paisaje está plagado de plataneros a ambos lados del camino y tras ellos hay zonas de cultivos. Eso hace que sean jornadas de pedaleo muy monótonas.

La facilidad del pedaleo en esta zona hacen que sea una ruta cicloturista de mucho transito, convirtiéndose, junto con el canal du midi en una de las rutas mas transitadas en bicicleta de Europa.


.Uno de los problemas de la ruta por el Garona llega a la hora de encontrar un sitio para acampar (para los que hacemos cicloturismo autosuficiente), El canal discurre en muchos tramos al lado de carreteras y está franqueado en otras zonas con matorrales que dificultan el poder plantar la tienda de campaña, lo que obliga a que aprovechemos cualquier pequeño trozo de terreno despejado.

Así, poco a poco vamos llegando al último tramo del viaje, el río Tarn, atrás dejamos bonitas imágenes en la retina y algunas de ellas logramos plasmarlas en fotografías.

A veces son solo reflejos sobre el río, momento que aprovechamos para simplemente no hacer nada y relajarnos disfrutando del paso del tiempo.


Otras te permite contemplar una puesta de sol, y es ahí, cuando comienzas a coleccionar atardeceres, donde comienzas a sentir que estás en el lugar apropiado y en el momento preciso.

Se puede decir que entramos en el río Tarn a través de Albi, una ciudad que me trae recuerdos de algún libro leído sobre la cruzada cátara, o también denominada Albigense y de la que hay mucha información por internet. Para uno que es amante de la historia, el relacionar sitios por donde pasas con hechos históricos estudiados representa buen momento para dar un repaso a lo aprendido.

Y a todo esto, días antes del viaje había estado leyendo el libro «la llamada de lo salvaje» de Jack London, que narra la historia de un perro que vive plácidamente en una casa de lujo en compañía de sus amos y tras ser robado y llevado a Alaska en los tiempos de la fiebre del oro, termina viviendo en plena naturaleza.

Esto mismo es lo que yo voy notando en Drako y Odin, a medida que van transcurriendo los días, se van asalvajando y cada vez disfrutan más de su condición de nómadas, viven con la luz del día, juegan, se pelean entre ellos, corren…y también descubren otros placeres que les proporciona la naturaleza, como son las moras, de las que han aprendido a cogerlas, ya sin pincharse y donde hay momentos en los que parece que nos peleamos para ver quien es capaz de comer más.

Así van transcurriendo los días, siempre con un río al lado que nos permite no solo asearnos cada día, sino también disfrutar de bonitos momentos de relax 

La ruta a lo largo del río Tarn es preciosa, casi siempre paralela al cauce del río, sin mucho desnivel, hasta que nos damos cuenta de que apenas nos queda comida y a lo largo de la ruta no encontramos ninguna tienda donde hacer avituallamiento, de tal forma que cuando encontramos un desvío que indica un supermercado a escasos 5 km, decidimos desviarnos. Craso error, las cuestas son brutales y parecen interminables. Estábamos mentalizados de que salir del valle sería duro, pero esto supera nuestras espectativas y en mas de una ocasión nos vemos obligados a echar pie a tierra. Por si fuera poco, es una carretera bastante transitada y no me atrevo a llevar a los perros sueltos, con lo cual el esfuerzo se multiplica y a eso se une que hace bastante calor y las existencias de agua van mermando a medida que pasan los kilómetros.

Una vez arriba, agotados y destrozados físicamente, entramos en el supermercado y arrasamos entre zumos, agua y comida. tenemos que ir dos veces a comprar para reponer los alimentos.

Ya tomando el camino de vuelta haca Cahors decidimos desviarnos hacia un pueblo catalogado como el mas bello de Francia. Bellcastel es una villa donde parece que no ha pasado el tiempo. Tiene un  castillo medieval y todo su entramado está construido en piedra y tiene un camping municipal abierto donde decidimos quedarnos para poder tomar la primera ducha caliente después de 10 días.

Llegar a Belcastel no es difícil, aunque realmente hay unas buenas cuestas, pero en su mayoría de bajada. Lo realmente difícil es salir de aquí, de Hecho me hacía gracia cuando los turistas que habían por allí nos preguntaban si nuestras bicicletas eran eléctricas. 

El resto del camino hasta Cahors lo realizamos casi todo por carretera hasta completar el círculo, además de que los días fueron muy calurosos y debíamos hacer paradas constantes para hidratarnos todos.

Y muchas veces hacíamos paradas simplemente buscando una sombra donde cobijarnos y esperando que alguna nube tapase el sol para poder continuar.

Y finalmente de nuevo en Cahors, donde recogemos la furgoneta y damos por terminado nuestro viaje.

Finalmente, de esta experiencia nos quedamos con la sensación de que no hay nada que nos detenga si ponemos pasión y ganas y en futuras ocasiones ya no nos plantearemos si es o no posible viajar con nuestros amigos peludos.

Buenpedal, septiembre 2016.


Ver mas fotos de este viaje

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Las Landas en bici

Os dejamos un vídeo de nuestro viaje por las Landas, en el Sur-oeste de Francia. Espero que lo disfrutéis.

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