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Un poco de historia

Ojos negros es una localidad situada en Teruel. Desde tiempos inmemoriales se la conoce por estar asentada en una enorme superficie con yacimientos de  hierro, principalmente a cielo abierto, y cuya explotación ya era usada en tiempos antiguos por parte de los primeros pobladores iberos. Su nombre viene de los enormes agujeros calcinados dejados en el terreno procedentes de las piras u hogueras que los pobladores hacían para separar el mineral de hierro de la tierra extraída. Hasta ese momento, la extracción mineral se hacía de forma artesanal, y no fue hasta comienzos del siglo XX, con la formación de la compañía minera de sierra menera, que se procedió a modernizar la minería en esa zona, de tal forma que en 1904 se comienza la construcción de la vía férrea  que uniría Ojos negros con Sagunto, denominada vía minera, y que estuvo en funcionamiento hasta 1973, fecha en la cual, para aumentar el volumen de mineral transportado, se establece un convenio con Renfe para el uso de la vía ancha en el traslado de mineral. En 1984, debido a la crisis de la siderurgía, la mina deja de producir.

En la actualidad, la vía minera se ha transformado en una vía verde, que con sus mas de 160 km, es a día de hoy la más larga de España, y como característica mas destacable está el hecho de que no supera, en la mayor parte de su trazado mas de un 2% de desnivel.

La ruta

Nuestra ruta comienza en la ciudad de Mallorca, donde cogemos el ferry que nos traslada a la ciudad de valencia, y desde allí, por el carril bici de la vía Xurra, una vía rectilinea que cruza entre zonas de naranjos desde la misma Valencia hasta el pueblo de Puzol, próximo a la ciudad de Sagunto, y verdadero, en principio, comienzo de la vía de ojos negros.

Debido a que el barco atraca en valencia a las 8 de la tarde, comenzamos a pedalear con falta de luz y solo podemos recorrer 20 km antes de decidir parar a pernoctar en uno de los numerosos sitios habilitados para el descanso de los ciclistas. Esa primera noche decidimos montar nuestro trailstar, ya que el lugar no disponía de árboles donde colgar nuestro tarp


Ya con las primeras horas del día pudimos ver que habíamos acampado cerca de unos naranjos, lo cual nos permitió sumar unas naranjas a nuestro primer desayuno en ruta. La posibilidad de coger fruta fue una tónica general durante el primer día, lo cual aprovechamos para rellenar nuestras provisiones para los futuros días de pedaleo.

tran abandonar la vía Xurra en Puzol nos dirigimos dirección Sagunto a través de pequeñas carreteras secundarías  que discurrían a través de plantaciones de cítricos, y así, en poco tiempo apareció ante nuestros ojos el castillo de Sagunto, una impresionante mole pétrea que se encuentra localizada en la cima de una colina, dominando toda la ciudad y los alrededores.
Sagunto pasa a la historia por ser la ciudad que se resistió por cerca de un año al sitio al que  fue sometida por orden de  Anibal Barca y sus tropas cartaginesas, y que fue el origen de la segunda guerra púnica entre romanos y cartagineses y que acabaría con la derrota de estos últimos y con la desaparición de Cartago como potencia del mediterraneo.  Se cree que en esa época, si Roma hubiese impedido la caida de Sagunto, Anibal no hubiese podido cruzar los alpes y entrado en territorio romano, al no disponer de una base de aprovisionamiento próxima, como lo fue Sagunto. La historia que hoy conocemos posiblemente habría cambiado sustancialmente.

Si bien la vía minera original partía de Ojos negros y terminaba en Sagunto, tras varios intentos por encontrar la ruta y unos cuantos km después de dar vueltas por la ciudad, nos enteramos que el trazado de la vía verde no llega hasta Sagunto, y por consiguiente nos tenemos que desplazar por carretera hasta el pueblo de Torres Torres, lugar de comienzo de nuestra ruta y final de la vía verde de Ojos negros.

Ya desde el comienzo pudimos constatar que las condiciones de la vía cicloturista dejan mucho que desear y para nada es comparada con cualquier vía europea, entre otras deficiencias está la señalización de la ruta, entre insuficiente e inexistente y el firme del trazado, que alternaba zonas de piedras sueltas, gravilla, baches y asfalto defectuoso…mas propio para una btt.

Este segundo día pedaleamos hasta poco después de Jerica, un pequeño pueblo coronado en lo alto de una montaña y que destaca desde lo lejos por su torre de las campanas, de estilo mudejar, y que destaca por estar separada de la propia iglesia, algo único en toda la comunidad valenciana.
Pocos kilómetros después de Jerica decidimos acampar en un área de descanso amueblada con un par de bancos y una mesa donde poder cenar. Además de ello poseía varios árboles que nos permitió colocar nuestro tarp.
La noche se presentaba fría y ventosa, y para protegernos del viento gélido colocamos las alforjas a modo de parapeto en la zona baja del tarp. Entre eso y nuestros sacos de invierno dormimos como lirones, si bien antes dimos cuenta de una buena cena consistente en fruta, frutos secos y una sopa caliente que pudimos hacer en un fuego improvisado. Esa noche, después de cenar nos deleitamos contemplando una enorme luna que mas bien parecía una farola que invitaba a pedalear de noche, pero eso sería al día siguiente.

La mañana nos regaló una salida de sol espectacular, y era el preludio de un día fantástico para pedalear, eso si, igual que la noche anterior, las temperaturas no pasaban de los 2 grados centígrados, de lo cual nos dimos cuenta no solo al salir de los sacos de dormir, sino también de un acontecimiento que os relataré a continuación.
Para esta ocasión, y como podréis ver en el alguna de las fotos que pondré mas adelante, la idea era grabar con un dron tomas aéreas, en especial de los viaductos de la ruta. Para ello además de las alforjas arrastraba un carro donde estaba alojada la maleta con el dron y todo lo necesario para hacer las filmaciones aéreas. Pues bien, una vez montado toda la parafernalia y dispuesto a hacer el primer vuelo, sale en la pantalla del móvil donde veo la aplicación del dron que las baterías están a 2 grados y que para poder volar necesitan estar a 15. Yo, que para la ocasión y en previsión de temperaturas bajas, me había traído un par de calcetines de lana merina, y, que en vez de calentar mis pies, sirvieron para tratar de calentar las baterías. Digo tratar ya que rara vez lo consiguieron.

Así que puedo decir que toda la ruta estuve cargando con un carro a todas luces inservible y que solo me permitió hacer un par de fotos en todo el viaje, unas veces por las bajas temperaturas, otras por la lluvia, como relataré mas adelante.

Como os habíamos adelantado, el día era tan bueno que nos propusimos llegar a Teruel, donde habíamos quedado con los únicos warmshowers de la ciudad. Comenzando a pedalear, la meta nos parecía totalmente factible, los pueblos se iban sucediendo y las distancias al objetivo final acortándose poco a poco. A eso de las 3 de la tarde paramos a comer en Barracas, un pequeño pueblo, no muy bonito, pero que estaba a una distancia prudencial para abordar los últimos kilómetro de la meta marcada. Por delante aún nos quedaba el puerto del Escandón, de 1200 metros.
Al salir de Barracas comenzó a hacer un viento gélido que nos ralentizó la marcha. de tal forma que los siguientes kilómetros no conseguíamos pasar de 10 km por hora, con lo cual se hizo de noche cuando estábamos abordando el último tramo antes de subir al puerto. En ese momento apareció por nuestro lado derecho la que denominaron con el nombre de super luna de sangre azul. La situación se volvió sencillamente espectacular, pedaleando de noche con una luna enorme que parecía que nos acompañaba en el viaje y que hizo que mereciera la pena haber tardado tanto tiempo en subir el puerto.

Una vez coronado el puerto, el resto de los kilómetros hasta Teruel se presentaban sencillos, de bajada. en mente teníamos la idea de que llegaríamos a casa de nuestros anfitriones a las 21:30 horas, perfecto para poder cenar y compartir un rato de charla y conversación antes de irnos a descansar y con la mente puesta en que al día siguiente desandaríamos el camino hecho y en su mayor parte sería de bajada.
Pero los planes no siempre salen como uno los tiene planeados, así que una vez mas, la ruta nos juega una mala pasada y las indicaciones para entrar en Teruel desaparecen. De eso nos damos cuenta cuando habíamos hecho unos 8 kilómetros mas, nos tocaba volver atrás. Por si fuera poco, al poner el GPS, este nos hace internarnos por caminos de tierra que en mas de una ocasión nos obligan a echar el pie a tierra. De esta guisa empezamos a dar vueltas alrededor de Teruel sin que podamos acceder a ella, además, y por si fuera poco, la ciudad se asienta en una depresión, no siempre visible, y sin esa referencia visual parecíamos dos náufragos perdidos en medio del océano.

Ya a punto de rendirnos, y viendo que pasaban las horas sin poder dar con nuestro destino, decidimos buscar un lugar donde colocar nuestro trailstar. Es en ese momento que aparece una chica en una bici eléctrica y nos dice que lleva un rato viéndonos dar vueltas y que si necesitamos ayuda. Fue ella la que nos indicó el camino correcto y que finalmente nos llevó, a eso de las 22:45 horas, a llegar a casa de nuestros anfitriones, los cuales nos estaban esperando para cenar. Entre eso, la conversación tan amena que tuvimos y la ducha caliente, olvidamos todos los males.
Teruel es una pequeña ciudad de apenas 35.000 habitantes, en su mayor parte, funcionarios, el resto de habitantes se reparten entre funcionarios jubilados y trabajadores con empresas dispares que dan servicio a los funcionarios. Es además la capital de la provincia del mismo nombre, a la que se le denomina la laponia española ya que comparte el dudoso honor de poseer la misma densidad de población que la laponia finesa, esto es 5 habitantes por km cuadrado. Esta tasa de despoblación está llevando a la desaparición de muchas poblaciones y ningún político ha sabido revertir esta situación.

Además de ello, la actual ciudad de Teruel es una reconstrucción total tras la guerra civil española, ya que la antigua ciudad quedó totalmente devastada tras la contienda del frente de Teruel. Vestigio de esta contienda se encuentran muchas zonas diseminadas por la provincia donde se pueden ver antiguas trincheras y puestos defensivos de ambos bandos.

Para salir de Teruel, nuestro anfitrión nos dio las indicaciones precisas, lo cual nos llevó, primero a pasar dinopolis, el parque temático con reconstrucciones de dinosaurios y luego a cruzar por un sendero que atraviesa un enorme parque de pinos que nos llevó directamente a la via verde de ojos negros

Tal como habíamos visto en internet, el tiempo comenzó a cambiar el tercer día y el viento del norte hacia presagiar que un frente nuboso se estaba aproximando. A lo lejos podíamos ver como se iban formando nubes que amenazaban con descargar agua sobre nosotros, si bien los primeros kilómetros era mas el frío lo que nos hacía tiritar, tal es así que podíamos apreciar una pequeña capa de escarcha congelada sobre las vallas que discurrían a ambos lados de la vía.

La subida al puerto de Escandón no nos resultó tan dura desde Teruel, y el resto ya era bajada, sin embargo, el firme está en tan mal estado, que aún bajando, hay que pedalear. Además de ello, es un traqueteo constante debido a las irregularidades del asfalto, agradeciendo los tramos donde hay tierra compactada.
A medida que avanzábamos, veíamos como las nubes nos iban alcanzando y teníamos claro que en cualquier momento empezaría a llover. Aún así no me quería ir sin mis trofeos, fotografiar los viaductos y túneles, los grandes protagonistas de la ruta.

Me llamó la atención que muchos de los túneles estaban iluminados con sensores de movimiento, y en cambio otros factores de la ruta estaban totalmente desfasados y deteriorados. Resulta un poco chocante.

Además de ello, hay zonas donde los desprendimientos pueden ser habituales con mal tiempo, debido a que las laderas que encajonan la vía, muchas veces son simplemente de tierra. En alguna ocasión nos llegamos a encontrar verdaderas rocas en medio del camino.

Y nuevamente Barracas se convierte en protagonista de nuestra historia, ya que saliendo de este pueblo comienza a llover. Al principio de forma intermitente y con poca intensidad, pero a medida que las nubes nos iban alcanzando, la lluvia alcanzó mas fuerza. Fue el momento de ponernos los impermeables.
Pedalear en estas condiciones, lluvia y frío, obliga a combinar ropa térmica con impermeable, y ya sabemos que la transpiración y la ropa impermeable no son buenas compañeras, de tal forma, cada cierto tiempo debía estar parando para evitar sudar, regulando las prendas térmicas que debía llevar. El problema añadido es que descendiendo llegas a coger más frío. El sudor en condiciones de bajas temperaturas se enfría y llega a ser un verdadero problema.
Barajamos la posibilidad de quedarnos en alguna estación de tren abandonada, que abundan en la ruta, pero para ello hubiésemos necesitado un mazo, ya que la mayor parte de ellas tienen las puertas tapiadas, y las que no, directamente no tienen techo con el cual resguardarse.

Así, y a las pocas horas llegamos al pueblo de Caudiel. y viendo que la lluvia no cesaba y que se hacía de noche, decidimos buscar un sitio donde dormir. La primera opción fueron unos pórticos del ayuntamiento, estaban a resguardo de la lluvia, pero no así del viento, ya que su disposición norte-sur eran como una autopista por donde corría el viento.
Tras unos minutos buscando un sitio idóneo, encontramos un lavadero con disposición este-oeste, a resguardo del viento y la lluvia, y con agua corriente para lavarnos, eso si, congelada.

Para que os hagáis una idea de las temperaturas alcanzadas, os enseño un bocadillo de aceite de oliva “para untar” que nos preparamos. Nos pareció una idea tan buena (aceite congelado) que cuando regresé a casa lo primero que hice fue meter una botella de aceite en la nevera.

Como el cuarto y último día amaneció sin lluvia, decidimos ir tranquilamente en dirección, primero a Torres Torres, y luego a Valencia, con una parada en Sagunto a comer algo. Íbamos sin prisas, y aprovechando para hacer fotos unas veces

Y otras para recolectar fruta, como en la siguiente foto, donde encontramos, en Segorve, un campo con árboles de kakis prácticamente abandonado y donde nos deleitamos comiendo 6 piezas de esta fruta cada uno. Ganas me dieron de dejar el dron y cargar el carro de esta rica fruta. Pero creo que no habría sido buena idea.

El resto del viaje fue un paseo hasta llegar a la ciudad de Valencia, con unas 5 horas de adelanto a la hora de salida de nuestro barco. El cansancio hacia acto de presencia en nuestros cuerpos y no nos dieron ganas de pasear por la ciudad, lo dejamos para otro momento, así que nos fuimos a tumbar en un parque donde nos diera el sol y pudiéramos recargar un poco de calor corporal.
Tan solo me queda una foto más que mostraros, como viene siendo habitual en mis viajes, la de la sombra de bici y cicloviajero formando un único cuerpo. En definitiva, eso es en lo que nos transformamos .

 

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