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El último viaje de "louris on the road" nos llevó a recorrer, durante 21 días, uno de los principales ríos de Europa, el Danubio, 
El Danubio nace en Alemania y discurre en dirección oeste a este  recorriendo 10 países antes de desembocar en el mar negro.
El cauce de este río ha configurado desde tiempos inmemorables las fronteras de las diferentes regiones y paises por donde discurre. Ya en en la edad antigua Roma establecía las limes del imperio en este río, junto con el Rin.

A nivel cicloturístico,  el Danubio se corresponde con una de las eurovelos mas visitadas del continente europeo, la eurovelo 6, o también llamada, de los dos mares, y que discurre desde la costa atlántica francesa en la desembocadura del río Loira, en la ciudad de Nantes hasta la ciudad de Constanza, en Rumania, a orillas del mar negro.
Como no podríamos hacer la ruta completa por limitación de tiempo, decidimos hacer solo un tramo de la eurovelo 6 y tomaríamos la ciudad de Passau, en Alemania, como punto de partida y llegada  y Viena, en Austria como punto medio. Con el fin de hacer una ruta circular, decidimos que desde Viena nos iríamos hacia el norte hasta enlazar con la Eurovelo 13, o del telón de acero y así tratar de volver por un camino diferente a Passau.

 

Una vez teníamos claro el viaje, ahora nos tocaba preparar la logística del mismo. Como cada año, iríamos en furgoneta desde Galicia hasta el lugar de comienzo de la ruta. Con el fin de poder tener guardada la furgoneta los días de pedaleo, nos pusimos en contacto con un antiguo amigo que vive en un pueblo cerca de Munich, el se encargaría de darnos el alojamiento la primera noche antes de iniciar el viaje.

Parada para descansar en nuestro viaje a Alemania

"Her Pires", nuestro amigo en Alemania, vive en un pueblo, Altenmark a 70 km de Munich y a 110 km de Passau, así que nos tocó hacer 2 jornadas de pedaleo extra. Para ello buscamos en el mapa la mejor ruta y encontramos un río, el Inn, afluente del Danubio y que desembocaba en Passau. Este río discurre entre las fronteras de Austria y Alemania, sirviendo de separación natural entre ambos países. 
Desde Alternmark nos dirigimos por carriles bici y pequeñas carreteras rurales hacia Burghausen, pequeña ciudad alemana fronteriza con Austria y que presume de tener el castillo mas largo del mundo. Los orígenes de los asentamientos en la zona donde se situa esta ciudad datan de la edad de bronce, si bien la mención mas antigua de la ciudad como tal data del año 1025. Añadir que en esa época se hizo prospera ya que poseía el monopolio de la sal, tan importante para conservar los alimentos.  

Vistas desde el castillo de Burghausen. Al fondo, el río Inn

En Burghausen tomaríamos una ruta cicloturista que va saltando de un país a otro hasta llegar a Passau. Deciros que la ruta austriaca está mejor señalizada y en mejores condiciones que la alemana, si bien son perfectamente ciclables cada una de ellas. 
Como os había comentado, el río inn hace de frontera natural entre los dos países (Alemania y Austria), de tal forma que cruzando el puente sobre el río en Burghausen, nos plantamos en Austria con poco tiempo para buscar un lugar donde dormir. Lo peor es que la ruta para bicicleta obligaba a salir del valle y nos encontramos con una cuesta brutal de nos hizo plantar el pie en tierra. A nuestro paso nos adelantaban bicicletas montadas por señores y señoras en edades que bien podían superar los 60 años, subiendo la cuesta sin problemas. Al principio pensamos que ellos no iban cargados como nosotros, hasta que nos dimos cuenta que lo que les permitía subir con tanta facilidad era que usaban bicis eléctricas, muy popularizadas en esta zona.

"louris on the road" al completo

Así que después de la cuesta y de hacer unos pocos kilómetros por un carril bici espectacular, encontramos un mirador sobre el río que nos hizo de primer lugar de acampada libre. Para nuestra satisfacción, el lugar contaba con todas las comodidades para unos cicloturistas autosuficientes como nosotros, esto es, un sitio donde acampar, unos árboles donde poder poner ropa  a secar y colgar nuestras hamacas, una mesa y banco donde poder sentarnos a cenar y un paisaje  embriagador, rodeado de bosque y al fondo, el río.

Primera noche de camping salvaje

Ya desde el primer día, y un hecho que nos acompañó prácticamente todo el viaje, fueron las elevadas temperaturas diurnas que nos encontramos, y si bien ya teníamos la experiencia de otros viajes, se hizo palpable la necesidad de ir aprovisionarnos cada poco tiempo de agua. Comprenderéis que,  si bien, otras variables viajeras no tienen que ser cubiertas cuando se viaja de forma autosuficiente, como por ejemplo tener un lugar previamente contratado para dormir o comer, hay otros que se vuelven prioritarios, como es el caso de tener cubiertas las necesidades mas elementales de disponer de hidratación constante. En nuestro caso llevábamos 10 botellas de litro y medio distribuidas entre las 5 bicicletas y adicionalmente una bolsa de agua de 10 litros que llenábamos cuando se acercaba el momento de acampar, para disponer de agua con la que cocinar, fregar los cacharros, y en algunas ocasiones que nos alejamos del río, darnos una ducha.

Aprovisionándonos de agua en el camino

Para completar el material, cada uno de nosotros llevábamos 2 alforjas traseras, y una bolsa estanca sobre las alforjas, salvo un servidor y mi hijo mayor, que además llevábamos alforjas delanteras. A esto añadiríamos un carro de carga que hacia las veces de despensa. Todo este material de transporte está confeccionado en tejido impermeable, imprescindible para afrontar un viaje de este tipo con la mínima seguridad de que tu ropa y demás útiles no sufran las inclemencias de la climatología adversa. En el post dedicado a las alforjas podréis ver un completo análisis de las mismas.

La bicicleta al completo, con el trailer y las 6 alforjas

Para dormir, una tienda de campaña bastante antigua, y que no pudo aguantar los rigores del viaje, como luego os contaremos, y 3 hamacas de viaje. Todo ello acompañado de los respectivos sacos de dormir y esterillas. Adicionalmente también llevamos un par de tarps, lo cual nos salvo en mas de una ocasión de las fuertes tormentas nocturnas, muy propias de esta época del año en esta zona.

Parada para comer y primera lluvía

El río Inn nace en Suiza y después de atravesar casi 600 km termina vertiendo sus aguas en el Danubio, como antes os habíamos mencionado. Nosotros tomamos sus últimos kilómetros, lo que se hace patente ya que sus aguas no bajan con mucha intensidad.

Río Inn. Al fondo se aprecia Passau, donde el Inn se junta con el Danubio

El carril bici discurre casi en su mayor parte a orillas de dicho río, salvo en contadas ocasiones que se interna en bosques para salvar tramos mas agrestes. Este carril alterna buen asfalto con zonas mas propias de bicicleta de montaña, lo que dificulta en algunas ocasiones el pedaleo, sobre todo cargados como vamos, sin embargo nos hace tener sentimientos encontrados, por un lado el esfuerzo físico que en ocasiones provoca cierto rechazo, y por otro la sensación de estar integrándote con la naturaleza mas plena y que poco a poco nos lleva a pensar en las necesidades más básicas y primigenias a la vez que vamos abandonando, a medida que pasan los kilómetros, aquellas otras mas artificiales y mas propias de una vida sedentaria

Ciclovia del río Inn en el lado alemán

LLegamos a Passau la tarde del segundo día en un día plomizo y con una fina lluvia que nos recordaba a nuestra querida Galicia. La entrada en la ciudad por el carril bici procedente del río Inn lo hace pasando al lado de la universidad. Ante nosotros se nos presentó la facultad de ciencias, de historia, de arte,...y algo que nos impresionó fue ver la cantidad de bicicletas aparcadas en los parking próximos a dichas facultades. Esto nos hizo tomar conciencia de la importancia que la bicicleta tiene aquí, no solo como un medio de ocio, que también, sino como medio de transporte.Dice mucho del pragmatismo alemán.
Si bien el inventor de la moderna bicicleta a pedales fue el escoces Kirkpatrick Macmillan en el año 1839, por cierto, invento no patentado por él, se puede considerar al alemán Karl Christian Ludwig Drais von Sauerbronn con su draisiana (1818) el precursor del medio de locomoción mas extendido en todo el mundo, y que sin duda se quedaría maravillado si pudiera ver la evolución de su "maquina andante" hasta lo que hoy conocemos como bicicleta.

Drausiana de Karl Christian Ludwig Drais von Sauerbronn. Precursora de la bicicletaPassau, o también llamada ciudad de los 3 ríos ( ya que por ella pasan los ríos Danubio, Inn y el Itz) es una bonita ciudad situada en el sur de Alemania y fronteriza con Austria y que, con sus mas de 2.000 años de historia, ofrece un impresionante patrimonio cultural al visitante. Curiosamente la presencia de estos tres ríos marca la idiosincrasia de la ciudad, configurando 3 zonas en función de en que río se asienta cada parte de la ciudad. El padre de la geografía moderna, Alejandro de Humboldt ya la mencionó como una de las mas bonitas de Europa. 

Ademas de por su patrimonio cultural, Passau se caracteriza por ser uno de los puntos de donde parten los cruceros turísticos que recorren el Danubio en su camino hacia el mar negro. De esta forma no nos resultó curioso ver oleadas de turistas esperando para embarcar en uno de los múltiples barcos amarrados en el embarcadero. Además de ello, Passau también es punto de partida de las excursiones organizadas que se hacen en bicicleta por la ciclovia del Danubio, como luego pudimos comprobar al hablar con clientes de estas excursiones.

Passau, listos para continuar con la aventura

Nosotros aprovechamos, dada la presencia de supermercados, para hacer acopio de comida para los dos días siguientes. En este punto empezamos a comprobar la necesidad de trabajo en equipo, ya que mientras unos iban a por la comida, otros nos quedamos vigilando las bicicletas e informandonos de cual era el camino correcto a seguir en nuestro camino hacia Viena. Estaba claro que hay que seguir el curso del río, pero, ¿Por cual de las dos orillas? Nuestras dudas se disiparon al ver las primeras señalizaciones con el símbolo de las eurovelos, en concreto la número 6, lo que nos llevó a cruzar el río por un puente en obras y a seguir la ruta por la orilla izquierda del río.
 Los primeros kilómetros después de salir de Passau, compartimos el espacio físico con una carretera que discurre paralela al río, y si bien en su mayor parte esta delimitado el espacio para los vehículos de motor y para las bicicletas, hay tramos en donde este espacio se diluye y se comparte la misma carretera. Esto suelo suceder principalmente a la entrada de los pueblos, no muy numerosos realmente y que nos hace tomar conciencia de que hay que aprovechar cuando los hay para abastecernos de agua y alimentos. Llega un momento, sobre 10 km después de Passau, donde la ciclovia se separa de la carretera y se deja de compartir espacio físico con los coches. Ello permite ir disfrutando mas del paisaje y de pedalear en grupo y pelotón, lo que favorecen las conversaciones y diálogos de lo mas variopintos. 
A escasos 24 km de Passau volvemos a cruzar la frontera entre Alemania y Austria y desde ese momento no volveríamos a salir de Austria en nuestra ruta por el Danubio. La parte austriaca de la eurovelo es sencillamente espectacular, con un asfalto perfectamente cuidado y bien señalizado, donde se indica en cada momento el camino a tomar y si es necesario o no utilizar un pequeño ferry para cambiar de orilla para salvar algún tramo donde la ciclovia termina por ese lado. El precio de estos pequeños barcos es de 1€ por persona y el trayecto dura escasamente unos minutos. Como se puede apreciar en la fotografía, los barcos están especialmente adaptados para llevar las bicicletas, siendo este su principal, y me atrevería a decir que único cometido.

Barcos que cruzan el Danubio de una orilla a otra

Tal como os habíamos adelantado al principio, llevamos una vieja tienda de campaña en no muy buen estado, y como es lógico, eso lo pudimos comprobar el tercer día en el peor sitio posible, esto es, lejos de cualquier ciudad grande. El caso es que intentando montar la tienda, se rompe una varilla, lo que hace imposible montarla en las condiciones optimas. Son estas cosas las que permiten agudizar el ingenio y poner la cabeza a funcionar, la necesidad de superar una adversidad es lo que nos mantiene la mente viva. En este caso procedimos a montar un vivac con el tarp que llevamos y así poder solucionar temporalmente la situación.

Tarp montado para suplir la rotura de la varilla de la tienda

A todo esto, en el anterior super que paramos compramos carne adobada, y ya que estábamos en plan salvaje ¿Qué mejor que preparar una hoguera al lado del río y cocinar nuestra comida? Así que nos empeñamos en recoger paja seca y palos, y después de varios intentos con el pedernal conseguimos encender un precioso fuego donde cocinamos la comida mas sabrosa en mucho tiempo, aunque, a decir verdad también influía el lugar, la compañía y como no, una luna llena que se dibujaba al fondo, en la otra orilla del río.
Curiosamente, a la mañana siguiente me viene la solución al problema de la rotura de la varilla. Decido cortar el trozo que se ha roto y hacer que la varilla quede mas corta, así, de esta forma podremos seguir montando la tienda.

Luna llena sobre el Danubio

No es difícil imaginar que un río de semejante calado y que atraviesa media Europa fue utilizado desde tiempos inmemoriales como una ruta fluvial por la que se transportaban (y se transporta en la actualidad) todo tipo de mercancías, y en consecuencia los estamentos nobiliarios, para controlar este flujo de mercancías, construyeron una serie de castillos y reductos defensivos, es por ello que cada ciertos kilómetros se distinguen en zonas estratégicas estas construcciones pétreas que parece  que nos saludan, y mientras, a cada pedaleada, nos vamos aproximando, me da por imaginar en lo que pensarían las personas encargadas de dar forma a un montón de piedras siglos atrás, contemplando el mismo tramo de río que yo estoy viendo ahora, con sus problemas personales, sus vivencias, posiblemente las mismas ganas de vivir...Lo que me pasa por la cabeza ahora es pensar lo pequeños que somos y en que a veces nos centramos en cosas banales que coinciden casi siempre con acumular bienes y curiosamente, esa obsesión por obtener esos bienes son los que hacen que no tengamos lo verdaderamente importante, tiempo.

Plaza central de Linz

La ruta nos lleva a través de pequeños pueblos y villas donde encontrar un supermercado es toda una odisea, y cuando los encontramos, estos suelen ser pequeños y sin mucho genero, añadimos a esto que al tener que cargar la comida en el carro de la bicicleta, preferimos hacerlo a última hora del día para así no ir con sobrepeso durante las principales horas de pedaleo, y como la ruta nos llevaba hasta la ciudad de Linz (ciudad de 180.000 habitantes), donde habíamos decidido hacer acopio de todo lo necesario para continuar el viaje, esto es, comida y una varilla nueva para la tienda de campaña. Craso error, como nos dimos cuenta en cuanto asomó ante nuestro ojos el cartel de que habíamos llegado a la gran ciudad y donde encontramos un gran supermercado...cerrado!! Bien, podía ser que esa cadena en especial cerrase antes, así que, con ilusión y sin ser conscientes de lo que nos íbamos a encontrar, nos propusimos iniciar la búsqueda de otros supermercados, con idénticos resultados. Resulta, como nos dimos cuenta después de comprobar que todos y cada uno de los supermercados estaban cerrados, que en Austria, estos establecimientos cierran a las 6 de la tarde y, al contrario que en nuestros anteriores viajes por Francia, no abren los domingos. Con el reloj marcando las 7 y media de la tarde, nos preguntábamos que íbamos a cenar esa noche. Barajábamos diferentes opciones, desde encargar pizzas hasta buscar un burguer. El problema es que, acostumbrados como estábamos a buscar un lugar donde acampar antes de anochecer, el hecho de tener que meternos en el centro de la ciudad dificultaba luego el encontrar un sitio optimo para nuestra filosofía de viaje.

Saludando al Danubio

La respuesta a nuestras dudas vino de la forma más inverosímil. Haciendo una parada en una gasolinera para pedir que nos dejaran unaherramienta para apretar la biela de la bicicleta de Andrés, que se había soltado (posteriormente hablaremos de ello), nos damos cuenta de que numerosos coches paraban en dicha gasolinera y no solo para repostar combustible. Ante nuestros ojos pasaban numerosas personas con bolsas de comestibles de lo mas variadas, desde salchichas hasta huevos, leche y todas las chucherías que os podáis imaginar. Resulta que las gasolineras se presentan a sus clientes también como pequeñas tiendas de ultramarinos, eso si, con unos precios un poco mas caros. Nosotros optamos por comprar pasta, atún y tomate frito para así reponer la energía de la jornada de pedaleo. Solventado el problema de la cena y disponiendo aún de  unas horas de luz nos propusimos buscar una tienda de deportes donde sustituir nuestra varilla rota por una nueva y tras mucho buscar y preguntar, no conseguimos encontrarla, así que ante nosotros se presentaba el segundo problema, buscar un sitio para dormir, cercano al río y que dispusiese de árboles donde poder colgar nuestras hamacas de viaje.
Cuando estas acostumbrado a viajar en autosuficiencia parece que se desarrolla un sexto sentido para encontrar lugares óptimos donde dormir, y a nosotros nos bastó un vistazo a la configuración del río para saber donde poder dormir sin grandes sobresaltos nocturnos, así que tras un pequeño paseo por Linz nos fuimos a acampar, con la idea de volver al día siguiente y conocer mejor la ciudad.
Tras encontrar un pequeño bosquecillo que nos permitía ocultarnos de visitantes inesperados, plantamos nuestro campamento, esta vez colgados de los árboles y tras una estupenda e inesperada cena, pasamos una noche de lo mas agradable (otra más)

Desayunando cerca de Linz

A la mañana siguiente, y tras visitar la oficina de turismo, nos informan que en la estación de tren hay un gran supermercado que abren los domingos, así que en vez de ver monumentos, nos centramos en asegurarnos lo mas básico, la comida, y como si llevásemos varios días sin comer, veo salir a mis hijos cargados con bolsas cargadas de un montón de cosas. Por un momento la congoja me superó pensando como iba a llevar semejante peso, pero, tras unos minutos sentados en un parque cercano a la estación, y viendo al ritmo con que iba bajando el volumen  y cantidad de productos, mi temor se fue convirtiendo en sonrisa y en un único pensamiento: "comen como pirañas".

Entrada al campo de concentración de Mauthausen

Después de Linz, a escasos 20 km siguiendo la ruta del Danubio, llegamos al pueblo de Mauthausen, tristemente celebre en los años 40 del siglo pasado por ser uno de los principales campos de concentración alemanes en Europa, y donde muchos de nuestros compatriotas (exiliados republicanos que habían perdido la guerra civil y que optaron por marcharse de España ante el avance de las fuerzas nacionales)  fueron a parar después de que Alemania ocupara Francia. Se sabe que de 10.000 españoles que fueron encerrados en el campo, solo 2500 de ellos sobrevivieron.
En total, el campo de Mauthausen  llegó a albergar una población de 235.000 reclusos que estaban en situación de esclavitud, obligados a trabajar para el tercer reich, principalmente en  la fabricación de armamento y en la cantera de granito cercana a donde se situaba el campo. Este granito era necesario para la remodelación de las principales ciudades europeas ocupadas por Alemania según los planes de Albert Speer, arquitecto principal de Adolf Hitler y que necesitaba grandes cantidades de granito para sus planes.

A nivel cicloturístico, Mauthausen no llama demasiado la atención, en nuestro caso, salvo por  tratar de encontrar la solución a nuestra varilla de la tienda de campaña rota en un gran centro comercial (Donaupark), totalmente infructuoso.
A este percance hay que añadir que una de las bielas de Andrés Jr se suelta cada cierto tiempo debido al desgaste de la misma, y ya llevamos unos cuantos kilómetros teniendo que apretarla cada poco tiempo para que no se caiga, y curiosamente, en una tienda de bicicletas que hemos visto, no han sabido arreglarla.
La desesperación empieza a hacer acto de presencia en el grupo, tantas calamidades juntas no dejan de afectar a los jóvenes, mas inexpertos en estas situaciones. Afortunadamente ante nuestros ojos se presenta lo que temporalmente va a hacer subir la moral, un Lidl. Así que decido dar carta blanca y que cada cual se compre lo que mas le guste. Ante mis ojos salen mis hijos cargados con donuts, panecillos de queso (13), yogures bebibles...etc, y, como por arte de magia, y ya con los estómagos llenos, la situación se ve de otra forma y en ese momento la fortuna se nos aparece en forma de supermercado de herramientas, donde puedo encontrar todo lo necesario para hacer un arreglo a la bicicleta que va a aguantar por los próximos días.
Lo que sigue sin solución es encontrar varillas para la tienda de campaña, así que en cada acampada nos vemos obligados a extremar el cuidado y la atención en el montaje de nuestra casa ambulante, no vaya a ser que en un alarde de emoción terminemos por quedarnos sin cobijo (como nos sucedería al cabo de unos días ).

Viento a favor en nuestro viaje por el danubio

Poco después de emprender la marcha comienza a soplar un fuerte viento, que en esta ocasión es a favor, pero que hace que, lo que hasta ahora era un día soleado, se convierta en un día gris oscuro que presagia que se avecina una fuerte tormenta. Ante el inminente aguacero, decidimos buscar un sitio donde montar la tienda con tiempo suficiente para que no tengamos que hacerlo a la desesperada.
Para quien no tenga experiencia en estas situaciones, el hecho de buscar un sitio propicio donde acampar ante una tormenta es muy importante, no tanto por la tromba de agua, que también, como por los momentos posteriores a ella. Si buscamos acampar en una zona de tierra, con la lluvia, esta se convertirá en barro, lo que supone que tanto las bicicletas como el calzado y ropa van a quedar embarradas y dificultara el poder salir pedaleando. Por contra, si se acampa en una zona de vegetación espesa, esta va a retener el agua, de tal forma que al querer avanzar a través de ella, para alcanzar nuevamente el camino, va a suponer empapar el calzado y parte de la ropa. Otros consejos importantes son el de evitar a toda costa acampar en pequeñas depresiones del terreno que tienden a formar charcos (esto lo aprendí tristemente en Escocia, al lado del lago Ness), así como en las proximidades de ríos y arroyos que pueden subir repentinamente su caudal de agua.
 Deduciréis de lo anteriormente leído, la importancia que tiene el acampar en un lugar apropiado. y que cuando se viaja en autosuficiencia no solo hay que prever el momento presente, también hay que adelantarse a situaciones futuras que pueden, cuando menos, dificultar el viaje.

¿Y que hacer cuando lo que nos cae es el diluvio universal durante la jornada de pedaleo cuando no hay refugio posible? Como veis en el vídeo anterior, si disponemos de un tarp, cubrirnos bien y a esperar que amaine la tormenta. Si la tormenta viene acompañada de fuerte viento hay que estar atentos a posibles caídas de ramas y que estas sean arrastradas. El impacto puede llegar a ser peligroso.

Letrero que indica la ruta del danubio

Para los amantes de la historia, deciros que el Donauradweg, como se conoce a la eurovelo del danubio sigue la antigua calzada romana llamada Via Istrum o Donauweg y que tenía como finalidad la de conectar los puestos defensivos situados en este río, ya que, como os indicamos al principio, el Danubio marcaba las fronteras que separaban el imperio romano de los pueblos bárbaros. Curiosamente, las mismas calzadas romanas que usaron siglos mas tarde los bárbaros para efectuar su invasión por todo el imperio romano y llevar a este al declive.

La cara menos alegre del Danubio son sus continuas crecidas, que causan verdaderos problemas por los países por donde pasa. Nosotros no fuimos conscientes de ello hasta que comenzamos a ver, en nuestro viaje, pueblos verdaderamente fortificados, rodeados de muros de contención y con compuertas en las entradas y las salidas de los mismos. Al principio nos causó extrañeza ver semejantes muros de contención, ideales para la filmación de una película apocalíptica tipo madmax. 
la respuesta a nuestras dudas dicha configuración vino cuando pudimos ver, sobre uno de los muros, las marcas de la crecida del río a lo largo de los años, y es que, en algunas ocasiones la crecida llegó a ser descomunal, subiendo varios metros el nivel del río.

Crecidas del Danubio

 Nosotros seguíamos con nuestro viaje, y finalmente desistimos de buscar el arreglo a nuestra tienda maltrecha, en parte debido a que cada día era una aventura y encontramos que podíamos superar ese "pequeño contratiempo" con un poco de imaginación. También hay que añadir que no fuimos capaces de encontrar en todo el viaje una tienda de deportes que nos pudiesen dar una solución a nuestro problema, más allá de vendernos una tienda nueva, lo cual no era una opción para nosotros.

Había momentos en donde buscábamos la comodidad de un camping para salir un poco de la rutina diaria de la vida en plena naturaleza, pero siempre nos resistimos a entrar en ellos y terminábamos buscando un lugar donde colocar nuestra tienda. El sentimiento llega a ser curioso: "para que pagar por algo que tienes gratis"

Acampando al lado del río

 En el meridiano de nuestro viaje llegamos por fin a Viena, capital de Austria y siendo como es, una de las ciudades mas antiguas de Europa,  cuenta con un patrimonio cultural muy importante.
Lo primero que hicimos fue buscar un camping, esta vez si, ya que no es muy aconsejable hacer acampada libre en las proximidades de una gran ciudad. A esto añadiremos que queríamos pasar un par de días para conocer la ciudad y preferíamos movernos sin el peso de las alforjas.
La primera impresión al colocar nuestra tienda en el camping fue de extrañeza. Acostumbrados como estábamos a acampar sin vecinos, el hecho de estar rodeados de varias tiendas, alguna de las cuales ocupadas por jóvenes con ganas de fiesta lo que se traducía en personajes bastante ruidosos e incómodos.
Lo que si aprovechamos fue a cargar nuestros móviles, lavar ropa, ducharnos en agua caliente...pero todo ello no superaba la sensación de libertad de los días atrás.

A la mañana siguiente, y ya con nuestras mejores galas, y sin alforjas, fuimos a conocer Viena. Para quien no conozca esta ciudad, deciros que es muy grande en extensión, lo que se traduce en  que conocer la mayor parte de ella en bicicleta nos supuso hacer 55 km por sus carriles bici, que discurren por toda la ciudad, lo cual se ve reflejado además en que cantidad de gente se desplaza en este medio de locomoción.

Si bien, como anteriormente habíamos dicho, Viena posee un patrimonio cultural enorme, nosotros nos sentimos atraidos por la figura de Isabel de Austria, la emperatriz del imperio  Austro Húngaro y que era mas conocida con el apodo de Sisi. 

Quizás lo que mas atraiga de la figura de Sisi es su rebeldía contra  lo  políticamente correcto, establecido en la pomposa corte del imperio Austriaco, aparte de poseer una gran belleza, Sisi era una mujer adelantada a su tiempo. Llego a hablar hasta 5 idiomas, entusiasta ecologista y amante del culto al cuerpo (llegó a instalar un gimnasio en su habitación para poder practicar ejercicio físico en la intimidad)  en una época donde las mujeres aún no habían alcanzado el nivel de libertad de la actualidad. 

La emperatriz Sisi

Por lo demás, y acostumbrados como estábamos a la libertad de la naturaleza, el encerrarnos en una gran urbe no nos motivaba demasiado y decidimos adelantar nuestra salida un día de lo previsto.

Abandonar la ruta del danubio significó, además, dejar atrás las grandes planicies y los tramos sin cuestas. Para los que estáis acostumbrados a  viajar en bicicleta sabréis que dejar atrás un valle significa que la carretera va tomando inclinación hacia arriba.

Abandonábamos la eurovelo 6 y tomamos dirección al norte a través de la eurovelo  9 para posteriormente, y trás 2 días de pedaleo, encontrarnos con la eurovelo 13, la del telón de acero, y que bordea las fronteras de los países que antes pertenecían al pacto de Varsovia.

letrero que indica la eurovelo 13

El pacto de Varsovia, o el tratado de la amistad, como también se conoció, era un tratado militar entre los 8 países comunistas  surgidos tras la segunda guerra mundial y que quedaron bajo el yugo soviético. Lo que en teoría surgió para contrarrestar el pacto de la alianza atlántica, mas conocida como la OTAN, que englobaba una alianza militar de los países democráticos de la Europa occidental, junto con Canadá y Estados Unidos.
Este choque entre dos concepciones políticamente antagónicas desembocó en lo que se conoció como la guerra fría, un periodo en la historia del siglo XX que pudo acabar en la tercera guerra mundial.

Fruto de la guerra fría esta el tan conocido Muro de Berlín, símbolo contemporáneo de la caída del comunismo y otros menos conocidos en forma de bunkers y zonas militarizadas que supusieron la despoblación de amplias zonas de terreno. Lo que llevó, con la caída del Pacto de Varsovia, a que esas zonas fueran nuevamente recuperadas por la "madre Naturaleza", dando lugar a uno de los ecosistemas mas importantes de centroeuropa.

Como os comentábamos anteriormente, salir de la eurovelo del danubio supuso además abandonar las largas planicies y las acampadas a la orilla del río. También nos tocó salvar una zona de colinas que nos suponía tardar varios minutos en subir para descender en pocos segundos. Esto que en el argot cicloturista se conoce como rompepiernas, a ello se unió que no encontrabamos un sitio apropiado donde acampar, ya que prácticamente todo el terreno era inclinado, y el poco que había llano estaba ocupado por cultivos y labranza, todo ello hizo mella en el ánimo. A últimas hora del día encontramos una pequeña zona llana ocupada por molinos de viento  y allí que decidimos acampar.

Para quien no haya tenido la ocasión de dormir en un campo eólico, deciros que  son sitios "tranquilos" o eso nos pareció a nosotros, hasta que a media noche empezó a girar el molino que teníamos sobre nuestras cabezas, haciendo un ruido ensordecedor. Como, a estas alturas del viaje, ya sabíamos que tras un intenso vendaval le seguía una tormenta, decidimos cubrir la tienda con el tarp para mayor protección. A los pocos minutos comenzó a llover copiosamente pero a nosotros no nos afectó demasiado, salvo por una esterilla que habíamos dejado fuera y apareció al día siguiente unos cientos de metros mas alejada del campamento.  

Me hizo gracia un comentario de uno de mis hijos: "Alucino que todo lo que llevamos en las alforjas de la bicicleta en poco tiempo se convierta en un campamento". Así, de esta forma relataba lo que realmente significa viajar en autosuficiencia. Simplemente 4 alforjas es suficiente para llevar todo lo necesario para poder disfrutar durante un mes de este viaje. Considero que es una buena forma de enseñar a nuestros jóvenes que para viajar y aprender solo hace falta GANAS.

Encontrar la eurovelo 13 nos obliga a ir saltando entre la república Checa y Austria. Entramos en la Rep Checa por Hevlín, un pequeño pueblo que parece que nos hace retroceder 20 años, calles destartaladas, carros tirados por caballos, los edificios y viviendas en un lamentable estado de conservación. El cambio viniendo de Austria es tan chocante que el mas pequeño del grupo comenta "menos mal que no he nacido en un sitio así". Le intento explicar que la República Checa pertenece a la unión europea, y por consiguiente, no es un país tan malo para nacer en comparación con otros donde los niveles de desarrollo y derechos civiles brillan por su ausencia. Ello da pie a un diálogo donde exponer diferentes ideas sobre lo que nos hace sentir seguros, los valores que se busca de una sociedad...etc. Esta es la magia de compartir este tipo de viaje con tus hijos, que da pie in situ a plantearse situaciones y diálogos que en otros contextos serían imposibles.

Otro de los aspectos en donde notamos el cambio de país es en la señalización y condiciones de la eurovelo. Si en Austria tanto el carril bici como las señales están en perfectas condiciones, en Chequía cambia totalmente, el carril bici se convierte en tramos en un camino desvencijado lleno de baches y en otros se comparte espacio físico con vehículos a motor, esto nos hace tener que cambiar el chip y adaptarnos a la nueva situación.

Si bien ello no nos impide disfrutar de nuestro deporte nacional, la recolección de frutas y verduras , que en esta parte del recorrido es abundante, ya que nuestra ruta discurre por zonas de labranza, con lo cual aprovechamos para completar nuestra dieta, hasta ahora principalmente a base de pasta y arroz con "algo mas". Hay que hacer mención especialmente a un plato inventado por Sara, consistente en calabacin con mazorcas recién recolectadas  y huevo. Os puedo asegurar que después de unas cuantas horas de pedaleo este simple plato se convertía para nosotros en un verdadero manjar.

En estos días nos coincidió unas altas temperaturas diurnas, y por tanto las principales horas de calor nos teníamos que resguardar del sol para evitar insolaciones y golpes de calor, uno de los principales males que se pueden padecer si se hace actividad física en estas horas. Nosotros buscábamos una zona con arboleda que nos protegiese, montábamos nuestras hamacas y nos dedicábamos a leer unos y tomar la siesta otros. Eso si, en alguna ocasión también aprovechamos para quitarnos del cuerpo las marcas propias del cicloturista, esto es, brazos y piernas morenas y resto del cuerpo blanco.

 Nuestra idea inicial era llegar hasta Cesky Krumlov, una bonita ciudad en la república Checa, poco turística, pero con un importante patrimonio artístico y cultural. Digo idea inicial ya que, en nuestro avance nos vimos obligados a cambiar la ruta por varios motivos, entre ellos que teníamos que adelantar nuestro viaje de vuelta en 4 días. Ello nos obligó a buscar un camino alternativo del que no teníamos ni mapa ni gps, así que nos tocó improvisar.

Para empezar, buscamos algún río que fuera afluente del Danubio, pero para ello debíamos antes salvar una zona de largas e interminables cuestas que hacían que parte del grupo tuviesen que subir arrastrando las bicicletas, salvo Andrés Jr, que no le llegaba con subir una vez, y volvía a por alguna bici de sus hermanos.

Alejados ya del gran río, tratábamos de buscar un lugar de acampada en zonas con pequeños riachuelos para poder darnos un baño al finalizar la tarde.

Y no solo tenemos que burcar donde plantar la tienda, hay veces que la vegetación es tan tupida que colgar las hamacas se hace casi imposible y tenemos que buscar sitios alternativos. La imaginación al poder.

Finalmente , y tras un día deambulando entre colinas, bosques y montañas, llegamos a un río, afluente del Danubio que nos llevó hasta Krems am der Donau, volvíamos a estar en la ruta del Danubio, antes de ello hicimos una acampada que será difícil de olvidar, en un lugar idílico, pero para muestra un botón.

Una pequeña explanada con acceso directo al río, el suelo tapizado de césped, una mesa donde cenar y árboles donde colocar las hamacas y  dormir a resguardo.
La vuelta hacia Passau decidimos hacerla por la orilla contraria por donde habíamos ido anteriormente, lo cual supuso que la sensación fuese de un viaje desconocido, si bien el tramo del río era el mismo.

No nos podíamos olvidar de las tormentas, en nuestro recorrido de vuelta nos pilló la mayor tormenta en el peor sitio posible, esto es, en una zona de carretera franqueada a un lado por un bosque impenetrable en cuesta y al otro por el río. Durante muchos km veíamos como las negras nubes se acercaban y nosotros no encontrábamos ningún sitio donde plantar nuestra maltrecha tienda, así que cuando vimos una pequeña explanada cercana al río no lo pensamos y plantamos nuestro campamento. Pusimos tantos vientos como pudimos, 3 tarps encima de la tienda y las bicicletas apoyadas lo mejor que pudimos pues sabíamos que el viento sería muy fuerte. A los pocos minutos de terminar nuestro campamento se desató un diluvio, que aún nosotros, que vivimos en Galicia, no recordábamos nada semejante. La tromba de agua duró toda la noche y entre la violencia de la lluvia y el ruido de los truenos, poco pudimos dormir, obre todo con la desconfianza de que nuestro maltrecho refugio aguantara todo lo que se le estaba viniendo encima. Y tras la tempestad, la calma. La mañana amaneció soleada y ello nos permitió tomar esta instantánea de un arcoiris completo.

   Ahora nuestra carrera era contra el cuenta kilometros, a medida que nos acercábamos a nuestro destino final veíamos como ibamos acumulando distancia recorrida y esta se acercaba al millar, y queríamos nuestro trofeo, conseguir nuestro primer viaje juntos superando la barrera de los 1000 km.
Y finalmente, entrando en Passau decidimos tomar esta fotografía que atestiguaba el final de nuestro viaje y la continuación de futuros viajes de los "Louris on the road".

Y terminamos nuestra crónica como la empezamos, dejándoos la foto que para nosotros significa mucho mas que unos kilómetros, significan 21 días de vacaciones alternativas, de risas, de confidencias, de imaginación, de amistad, de cansancio, de lluvia, calor, sudor, baños en el río, y sobre todo de familia.

Nos despedimos con una frase que hemos ido acuñando a lo largo de nuestros viajes y que por repetirla continuamente se ha convertido en algo nuestro:

                                                            "La familia que viaja unida, permanece unida"

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